En el contexto histórico de la Edad Media, con el crecimiento poblacional y la urbanización surgió el término universitas, que hacía referencia a cualquier comunidad organizada con un propósito específico. Más adelante surge la Universidad de Bolonia, la primera en tener sus estudios reconocidos, particularmente en Derecho. En el devenir de la humanidad fueron surgiendo universidades, hasta llegar a nuestros días.
Actualmente, las sociedades experimentan cambios acelerados, impulsados por avances tecnológicos y el uso de dispositivos digitales, sin dejar de lado las brechas de acceso a estas tecnologías. La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta esencial, transformando la educación, y con ello a estudiantes y docentes. Estos últimos deben estar a la vanguardia para dar respuesta a los desafíos del mundo actual.
Así, cobra relevancia y es crucial dirigir la mirada a la educación continua, la cual inicia tan pronto como finaliza la educación formal, comprendida (Unesco, 1998) como la educación a lo largo de la vida. Esta debe ser un eje fundamental del sistema educativo, atendiendo necesidades y oportunidades que se presentan en el marco de las sociedades del conocimiento del nuevo siglo.
La educación continua conlleva a la actualización permanente en conocimientos pedagógicos, científicos y tecnológicos que corresponden a su área laboral. En las instituciones de educación superior los entes rectores, directores, autoridades y profesores deben mantenerse actualizados en los avances que de forma acelerada van sucediendo.
Es necesario avanzar en la profesionalización y participar activamente en todas las formas de educación continua que cada institución de educación superior ponga a disposición, como cursos, seminarios, talleres, asistencia a congresos, diplomados, conferencias y otros dentro de su profesión. Además, se debe fortalecer en la planta docente las competencias necesarias para el uso ético de las diferentes herramientas tecnológicas. Por otra parte, es importante señalar que la educación continua inicia tan pronto como finaliza la educación formal.
Es esencial entonces contar con programas innovadores y centrados en las necesidades de la educación en el contexto actual, considerando que las tecnologías cada vez cobran mayor importancia para satisfacer las necesidades de los profesores de todas las edades.
Sin duda, la participación de los profesores en programas de educación continua es un elemento fundamental para su desarrollo profesional, mejora sus habilidades pedagógicas y contribuye significativamente a la calidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje. Esto contribuye a preparar mejor a los estudiantes, es decir, contribuir a su formación integral para su inserción en el mundo laboral, fomenta la motivación y responsabilidad del trabajo en equipo y desafía a continuar trabajando con calidad en la formación de futuros profesionales.
Por otra parte, se debe seguir potenciando la investigación científica, ya que los resultados contenidos en los informes finales de las investigaciones son el medio por excelencia para conocer la realidad del objeto de estudio, proponer recomendaciones y brindar la oportunidad de implementar proyectos de proyección social encaminados a mejorar la realidad. Otra forma de fortalecer la investigación científica es mediante la publicación de artículos científicos en revistas científicas, así como también motivando a los estudiantes a la participación temprana en semilleros de investigación. Estos son espacios donde varios estudiantes se involucran en las actividades investigativas cotidianas de un investigador, quien ejerce la función de tutor. Usualmente, son grupos de estudiantes de pregrado; esta estrategia de formación contribuye a crear nuevas generaciones de investigadores como parte del relevo generacional.
En las condiciones actuales, fortalecer la investigación científica y la educación continua es una necesidad y un camino continuo que posibilita la actualización y comprensión de las necesidades del mundo cambiante.






