Un matrimonio originario de El Salvador ha encontrado una nueva oportunidad en la llamada «España vaciada», donde su trabajo al frente del centro social de un pequeño municipio de Cuenca ha logrado revitalizar la vida comunitaria, según detalla un reportaje de «El Digital de Cuenca».

Mario Alberto Viera y Reina Elizabeth Hernández decidieron hace casi cuatro años emigrar en busca de estabilidad y mejores oportunidades para su hijo, dejando atrás sus carreras como abogado y funcionaria.

La pareja se instaló inicialmente en Motilla del Palancar, donde comenzaron desde cero y se integraron en la comunidad, participando en labores de voluntariado con la Cruz Roja, experiencia que les permitió abrir nuevas puertas.

Fue así como conocieron el municipio de Valverdejo, una localidad de apenas 86 habitantes, donde finalmente asumieron la gestión del centro social el pasado 7 de febrero, tras haber perdido anteriormente la oportunidad en dos ocasiones.

En pueblos pequeños, el bar es mucho más que un negocio: representa un espacio de encuentro y convivencia. Consciente de ello, la pareja asumió el reto sin experiencia previa en hostelería, pero con disposición para aprender y pasión por la cocina.

Su propuesta gastronómica ha logrado fusionar la tradición manchega con sabores salvadoreños, ofreciendo desde platos típicos locales hasta especialidades como pupusas y yuca con chicharrón, lo que ha despertado el interés de los habitantes.

La aceptación ha sido positiva, al punto que gran parte del pueblo ya ha probado la comida salvadoreña, combinándola incluso con platos tradicionales en una misma comida, reflejo de una integración cultural a través de la gastronomía.

El respaldo de la comunidad ha sido clave para su adaptación. Los vecinos no solo los acogieron, sino que también les ayudaron a entender las costumbres locales, facilitando su inserción en un entorno donde la llegada de extranjeros no siempre es sencilla.

El centro social se ha convertido en un motor de actividad para Valverdejo y localidades cercanas, atrayendo tanto a residentes como a visitantes, especialmente durante almuerzos y fines de semana.

Sin embargo, el camino no ha estado exento de sacrificios. La pareja dejó atrás su vida profesional y enfrentó empleos temporales antes de encontrar estabilidad, aunque hoy valoran el tiempo recuperado en familia como uno de sus mayores logros.

Con planes de establecerse definitivamente en el municipio y ampliar su oferta, Mario y Reina Elizabeth proyectan su futuro en Valverdejo, donde aseguran haber encontrado la tranquilidad y la estabilidad que buscaban al iniciar su nueva vida en España.

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