Francisco Antonio Castro es una de las personas más reconocidas entre los chinamequenses por su labor como presidente de la organización sin fines de lucro Comunidad Unida de Chinameca, integrada por oriundos de ese distrito de San Miguel Oeste, otros puntos de El Salvador, así como de diversas nacionalidades.
La fundación nació en 1991 y cuenta con personería jurídica en Estados Unidos. Cuenta con 35 años de esfuerzo y dedicación para recolectar fondos que permiten apadrinar obras como construcción y habilitación de vivienda, entrega de paquetes alimenticios a adultos mayores o pacientes renales, entrega de sillas de ruedas y su apoyo constante a la Asociación Padre Vito Guarato.
«El edificio, que nos tomó tres años de trabajo, es la sede de la Cruz Roja en Chinameca, ubicada en la es quina opuesta al parque central, ahí está la placa. También les trajimos una ambulancia en 1997, pero ya se ter minó su vida útil hace muchos años», recordó.

Luego de vivir más de 40 años en el estado de Virginia, Estados Unidos, este hombre, de 66 años, decidió regresar a su natal Chinameca junto con su esposa para habitar la casa que construyeron en 2016.
«Lo que me hizo regresar es la seguridad, si hubiera estado como estaba antes no me regreso, esa parte [plan de seguridad actual] yo la celebro y lo bue no lo aplaudo», afirmó.
ALTRUISMO
Pero el cambio de domicilio no significó que dejara de lado su espíritu altruista junto con la Comunidad Unida de Chinameca y el apoyo de algunos amigos locales.
Cada cierto tiempo Francisco recibe en su casa a unos 25 voluntarios que se dedican a clasificar y armar más de 100 bolsas con alimentos que contienen aproximadamente 14 productos básicos y luego los entrega frente a su residencia.
«Les damos eso cada mes, cada dos meses, a veces dependiendo de la recolección de fondos, porque para todo el evento se necesitan como $3,000 para darles la bolsa de alimentos. Les damos un refrigerio: chocolate, tamales, quesadillas, y transporte, porque son adultos mayores o personas que están enfermas», expresó.
¿Qué motivó a un padre de familia, esposo y dedicado al rubro de la construcción a donar su tiempo y dinero para ayudar a otras personas?
Para Francisco, la respuesta es simple y poderosa. «La misericordia del Señor, y si en algo le puedo servir a Él, pues lo vamos a seguir haciendo», manifestó.
Su compromiso se volvió más fuerte al descubrir que padece de una enfermedad cardíaca y su esposa, Sonia Castro, hace 16 años recibió un trasplante renal.
«Yo le dije al Señor: “Voy a trabajar hasta donde tú me lo permitas y voy a seguirlo haciendo, pero esta obra es tuya”», confesó.
Ahora es un hombre jubilado, que vive para ayudar y sirve como un canal de apoyo para el prójimo. Asegura que continuar con esta obra y cuidar de su esposa son su propósito principal.
«La verdad, he parado de soñar, solo pedirle a Dios que me regale salud. La vida es bien corta y ya no tengo ambiciones; quería tener una casa y la tengo, soy una persona sen cilla, no quiero tener grandeza, no siento que me haga falta», afirma.
Por su labor de servicio ha recibido múltiples reconocimientos por parte de diversas organizaciones en El Salvador y Estados Unidos, que re afirman su propósito de vida.






