El Salvador despide hoy a Guadalupe Mejía de Mejía, una mujer cuya vida de lucha y sacrificio no solo marcó la defensa de los derechos humanos en el país, sino que se convirtió en la semilla de una de las obras cumbres de la literatura salvadoreña.

La relación entre Guadalupe y la literatura comenzó en el exilio. Hacia 1978, en Costa Rica, ella junto a otras campesinas llegaron al país vecino, donde se encontraron con el poeta y novelista salvadoreño, Manlio Argueta, quien les realizó una serie de entrevistas que fueron grabadas en casetes.

Manlio recuerda que, en ese momento, Guadalupe le narró con una serenidad estremecedora el asesinato de su esposo Justo Mejía. Más adelante, ese testimonio sirvió como el núcleo emocional para el personaje de Lupe en la novela «un día en la vida».

«Esa novela es la que menos tiempo tardé en escribir, porque la escribí en mes y medio. Yo no tenía pensado hacer una novela, pero me fui a buscar esos casetes que tenía guardado, empecé a escucharlos, no solo el de ella (Guadalupe) pero me impresionó cuando me cuenta con mucha naturalidad como murió Justo Mejía quien les dijo que, si algún día le pasaba algo, dijeran que no lo conocían, por eso lo pasearon por el pueblo (…) y así fue como nació la novela a partir de la entrevista. Claro yo la hice ficción», detalla el escritor. 

En 1981, Guadalupe fundó el Comité de Familiares de Víctimas de las Violaciones de los Derechos Humanos (CODEFAM), convirtiéndose en un baluarte de la búsqueda de justicia para los desaparecidos durante el conflicto civil salvadoreño.

Ayer, Manlio Argueta, intentó comunicarse con ella, siempre por temas literarios. Hoy, le fue confirmada una noticia que no esperaba. «Hace 15 horas quise hablar con Guadalupe Mejía, mi personaje de “un día en la vida”. Y me llega la noticia: acaba de fallecer. Mi pésame a la familia», escribió el novelista a través de su Facebook.

Guadalupe Mejía pasó sus últimos días en Lourdes, alejada de la vida pública por motivos de salud, pero dejando tras de sí un legado inquebrantable. Su vida, que alguna vez fue capturada en una grabadora de cinta, seguirá resonando en cada lector que descubra a través de su historia la dignidad del pueblo salvadoreño.

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