Íngrid Martínez Barahona, originaria de Zacatecoluca, La Paz, culminó recientemente sus estudios de Doctorado en Matemáticas en la Universidad de El Salvador (UES), convirtiéndose en la primera mujer de esta universidad en obtener dicho logro académico.
La trayectoria de estudios superiores de Íngrid comenzó en 2002, cuando ingresó a la UES para iniciar la Licenciatura en Matemáticas.
Casi 21 años han pasado desde que Íngrid decidió emprender en la academia, luego de descubrir su fascinación por esta materia en el bachillerato, gracias al impulso de un profesor que le prestaba libros de matemáticas.
«Desde que ingresé a la licenciatura, en 2002, hasta el año pasado ya son casi 21 años estudiando. Fue un camino largo, pero queda esa satisfacción de que uno puede lograr lo que se proponga», expresó.
Añadió que mientras estudiaba la licenciatura fue seleccionada como instructora para el programa Jóvenes Talento de la UES, el cual prepara a estudiantes desde tercer grado a bachillerato para diferentes olimpiadas.
Ella recordó que en ese momento le surgió su gusto por la docencia, lo que también la llevó a convertirse unos años después en catedrática de la Escuela de Matemáticas de la UES.
«Tenía que dar clases a los niños de quinto a séptimo grado, y desde ahí comenzó a gustarme la docencia, fue paralelo mi gusto por la matemática y la docencia», contó.
El compromiso de Íngrid por mejorar y ofrecer una excelente calidad en los contenidos que imparte en clases, además de las oportunidades de estudio que ofrece la UES a sus catedráticos, la llevó a estudiar la Maestría en Matemática Fundamental y posteriormente continuó el Doctorado en Matemáticas.
«Cuando estudié la maestría, tenía una carga extra que era estar trabajando. Nos tocaba sacrificar las noches porque nos desvelábamos hasta las 3 o 4 a. m., y en la mañana teníamos que venir al trabajo. Al final todo ese sacrificio vale la pena», expresó.
Añadió que mientras estudiaba la licenciatura fue seleccionada como instructora para el programa Jóvenes Talento de la UES, el cual prepara a estudiantes desde tercer grado a bachillerato para diferentes olimpiadas.
Ella recordó que en ese momento le surgió su gusto por la docencia, lo que también la llevó a convertirse unos años después en catedrática de la Escuela de Matemáticas de la UES.
«Tenía que dar clases a los niños de quinto a séptimo grado, y desde ahí comenzó a gustarme la docencia, fue paralelo mi gusto por la matemática y la docencia», contó.
El compromiso de Íngrid por mejorar y ofrecer una excelente calidad en los contenidos que imparte en clases, además de las oportunidades de estudio que ofrece la UES a sus catedráticos, la llevó a estudiar la Maestría en Matemática Fundamental y posteriormente continuó el Doctorado en Matemáticas.
«Cuando estudié la maestría, tenía una carga extra que era estar trabajando. Nos tocaba sacrificar las noches porque nos desvelábamos hasta las 3 o 4 a. m., y en la mañana teníamos que venir al trabajo. Al final todo ese sacrificio vale la pena», expresó.
El 5 de julio de 2024, la académica defendió la tesis de doctorado, la cual se enfocó en investigar la topología algebraica, una de sus áreas favoritas. Íngrid aseguró que el camino para alcanzar este logro estuvo lleno de obstáculos, comenzando por dificultades económicas que vivía junto con su madre y sus hermanos.
«Viajar desde Zacatecoluca a estudiar hasta San Salvador fue difícil. Tuve el apoyo de familiares que me acogieron para vivir en San Salvador, también tuve la oportunidad de estudiar con la beca Fantel, porque mi situación económica no permitía poderme ayudar en un 100 %», añadió.
Afirmó que su madre fue su principal apoyo económico, ya que se dedicaba a vender granos básicos en el mercado, y con las ganancias impulsó sus estudios y costeó la carrera universitaria de sus hermanos.
«Ella siempre quería que nosotros lográramos ser algo, que nosotros estudiáramos, que tuviéramos nuestra carrera, que no dependiéramos de nadie. Si yo le decía: “Mire, mamá, hay este curso de verano de matemáticas”, a lo mejor no teníamos dinero, pero ella buscaba cómo hacer para conseguir el dinero y dármelo para ir a inscribirme», recordó.
Íngrid aseguró que su título de doctorado representa una retribución a su madre por los sacrificios que hizo para brindarle un futuro prometedor.
Por otra parte, aseguró que otro de los obstáculos que enfrentó fue en las aulas cuando cursaba el doctorado, pues al ser la única mujer del salón de clase sufrió discriminación.
«Lo que siempre duele un poco es la discriminación y el machismo de los compañeros, porque a veces dicen que porque uno es mujer no tiene la capacidad, y uno se enfrenta a diario a ese tipo de comentarios. La única respuesta que uno tiene a esos comentarios es tratar de hacer lo mejor posible su trabajo y demostrar que las mujeres tenemos las mismas capacidades intelectuales que los hombres», afirmó.
Instó a las mujeres a luchar por cumplir sus objetivos y las motivó a desarrollarse en áreas técnicas y científicas.






