Rosa Luz Turcios de Mariona, de 66 años, continúa el legado familiar de las pupusas de queso duro blando y chicharrón en la Pupusería Lucy, un negocio que comenzó su abuela en diciembre de 1920 en el centro de Usulután.
El negocio surgió gracias a Nicolasa Concepción Turcios, mejor conocida en aquella época como Concha Turcios, ante la necesidad de sacar adelante a sus 10 hijos. Según las historias de la familia, Concepción se dedicaba a lavar para los soldados, pero el dinero que ganaba no era suficiente, por lo que decidió iniciar con la pupusería.
Concepción trabajó en la pupusería hasta los 60 o 70 años aproximadamente, y le delegó la pupusería a su hija Lucía Margarita Turcios. «Mi mamá [Lucía Margarita] dejó de hacer pupusas hasta los 80 años o más cuando se cayó y se fracturó una rodilla, ella quería seguir trabajando, pero ya no podía. Yo empecé a ayudarle en la pupusería a los 15 años, cuando todavía estudiaba en el colegio. Cuando ella ya no pudo trabajar, me hice cargo», explica Rosa Luz. La pupusería ha tenido varias locaciones; empezó en la calle de la 6.ª Brigada de Infantería, luego en el mercado regional, donde estuvo 20 años y actualmente están en la 4.ª calle oriente, frente al mercado regional.
Rosa Luz expresa que se siente agradecida por el legado que le heredaron su abuela y su mamá. «Yo me siento agradecida con Dios, porque ellas me llevaron por un buen camino en la vida; no sé qué habría sido de mí», comenta.

Gracias a este negocio comenta que sacó adelante a sus tres hijos, quienes tuvieron la oportunidad de estudiar una carrera universitaria. «Una hija trabaja en Apopa, es doctora; mi otro hijo es ingeniero en Sistemas; y mi otra hija es contadora. Ella está conmigo en el negocio y me ayuda con las finanzas. Mi hijo al salir de su trabajo viene al negocio también a ayudar», añade.
En 100 años, aunque la pupusería ha cambiado de administración familiar y su ubicación, mantiene la esencia que la identifica. A diferencia de otras pupusas que llevan quesillo, estas se preparan con queso duro blando, y el chicharrón que se le coloca no lleva tantos ingredientes, solamente se procesa con tomate y chile, por lo que las pupusas conservan el característico sabor a chicharrón.
En la pandemia por la COVID-19, Rosa Luz detalla que tuvieron que cambiar la receta por la escasez de queso duro blando, por lo que usaron quesillo, pero a los clientes no les gustó y pidieron volver a la receta original. «Todo es artesanal, el maíz lo cocemos y lo llevamos al molino. El queso pasa por un proceso para quitarle el exceso de sal, no usamos harina ni aceite. Eso le gusta a la gente porque dicen que en otros lugares las hacen fritas y aquí no», comenta.
«Me siento muy orgullosa porque es un legado que viene desde hace muchos años, es una receta que trata de mantener su calidad porque por eso nos prefieren los clientes», afirma Fátima Azucena Mariona, hija de Rosa Luz. La pupusería recibe pedidos para recoger o domicilio en el 7452-3668.






