La historia de Violeta Martínez de Palomo, de 63 años, es un ejemplo de resiliencia y compromiso con quienes enfrentan la pérdida de la voz a causa del cáncer de laringe.
Tras su diagnóstico de la enfermedad en 2013, decidió transformar su experiencia personal en una oportunidad para ayudar a otros salvadoreños. Un año después fundó Fundahabla, una organización dedicada a la prevención de enfermedades no transmisibles y a la rehabilitación de pacientes laringectomizados, es decir, personas que han sido sometidas a la extirpación parcial o total de la laringe.
La fundación abrió sus puertas el 24 de septiembre de 2014 en San Salvador.
«En 2013 fui diagnosticada con cáncer de laringe. Esto sucedió después de pasar un año presentando síntomas como ronquera, ya que me trataban por laringitis, pero nadie encontraba realmente lo que tenía», relató Violeta en entrevista con «Diario El Salvador».
La enfermedad cambió por completo su vida. Perdió su empleo en el área de ventas de un medio de comunicación y utilizó su indemnización para costear la atención médica especializada.
«Al año me diagnosticaron cáncer de laringe y, como había pasado bastante tiempo, el tumor creció», comentó.
Durante el proceso, los médicos intentaban identificar posibles factores de riesgo. «Lo primero que me preguntaron fue cuántas cajetillas fumaba al día. Les dije: “Nunca he fumado”», contó.
También le preguntaron si consumía alcohol o si convivía con fumadores. «Les dije que sí, mis compañeros de trabajo», explicó.
Violeta afirmó que por más de una década trabajó con personas que fumaban. «Después me pasé a trabajar en medios, donde casi todos mis compañeros fumaban», añadió.

LA PÉRDIDA DE LA VOZ
Tras las evaluaciones médicas, los especialistas le informaron que la única opción para salvar su vida era retirarle la laringe y las cuerdas vocales.
«Le pregunté al doctor: “Si usted me quita todo, ¿cómo voy a hablar?”. Me respondió: “Nunca más vas a hablar”», recordó.
Así, la operación le salvó la vida, pero marcó el inicio de una etapa difícil. «Perder la voz no es nada bonito. Ya no se respira por la nariz, se respira por el cuello, y eso nos vuelve muy vulnerables al polvo, el viento o la lluvia. Yo no puedo meterme al mar ni a una piscina porque me ahogaría», explicó.
De modo que, lejos de resignarse, comenzó a buscar alternativas para recuperar su capacidad de comunicación.
«Como soy bien autodidacta, encontré personas que habían recuperado la voz y asociaciones que ayudaban a ha cerlo. En cinco meses aprendí a hablar», expresó.
UNA MISIÓN QUE NACIÓ EN EL HOSPITAL ROSALES
Violeta fue intervenida en el Hospital Nacional Rosales, donde conoció a otros pacientes con la misma condición, muchos de los cuales no lograban rehabilitar su voz. «Ahí me di cuenta de cuántas personas en mi condición no logran rehabilitar su voz.
Las secuelas de esta cirugía pueden llevar a la depresión y a una frustración muy grande. Incluso conocí personas que murieron por la depresión», afirmó.
Ese momento marcó el inicio de su misión, que en un principio era crear una escuelita para personas laringectomizadas donde enseñaría las técnicas que a ella le ayudaron a recuperar la voz; sin embargo, su aspiración fue más allá de eso.
«Estudié por un año sobre el cáncer, los factores de riesgo y cómo abordar la rehabilitación. Cuando me sentí lista dije: “Voy a hacer una fundación”», recordó.
Fundahabla comenzó con recursos limitados y el apoyo de dos colaboradores. Desde entonces trabaja en dos ejes: prevenir las enfermedades asociadas al tabaco y rehabilitar a pacientes laringectomizados.

CONCIENTIZA SOBRE EL DAÑO DEL TABACO
Tras sobrevivir al cáncer, Violeta asumió una nueva causa: luchar contra el consumo del tabaco. Aunque nunca fumó, el humo del cigarrillo marcó su vida.
«El tabaco hace daño a la salud, a la economía y al medioambiente. Es el enemigo público número uno de la humanidad», advirtió.
Con el tiempo, su labor comenzó a recibir respaldo institucional. El Fondo Solidario para la Salud (Fosalud) apoyó sus campañas con material informativo para impulsar la prevención.
También fue becada por organismos internacionales para participar en talleres sobre el control del tabaco en Lima, Perú, donde se formó como líder en campañas de comunicación para la región.
«Desde que estuve en Lima me conocieron muchas personas de la comunidad latinoamericana que trabajan en el control del tabaco, y así surgió una propuesta para nominarme a un premio», mencionó.
RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL
En 2022, su trabajo fue reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que le otorgó el premio y la medalla del Día Mundial Sin Tabaco.
Ese año el reconocimiento también se lo entregaron al entonces presidente de México Andrés Manuel López Obra dor y al investigador estadounidense Thomas Novotny.
A más de una década de su diagnóstico, Violeta continúa al frente de la fundación.
«Yo no sé cuánto tiempo me queda de vida, puede que cinco o 10 años. Ojalá me quedara más tiempo para conocer a mis nietos, lo que me quede de vida lo voy a dedicar a esto», destacó.
El mensaje de Violeta para quienes viven una situación similar es mantener la calma y confiar en las fuerzas que Dios otorga para levantarse ante cualquier circunstancia.
«Él siempre nos va a acompañar», afirmó.






