El Salvador y Portugal están separados por 8,241 kilómetros. Al primero lo baña el Océano Pacífico y al segundo, el Atlántico. Nuestro país tiene un conjunto de islas en el Golfo de Fonseca (una franja de aguas territoriales que comparte con Honduras y Nicaragua) y Portugal posee las regiones autónomas insulares de Madeira y las Azores. Políticamente, el territorio salvadoreño está dividido en 14 departamentos, mientras que el de Portugal en 18 distritos continentales (además de las islas).

Pese a la distancia, la diferencia de los océanos que los baña o la división geográfica, en este momento ambas naciones están unidas por una historia en común: la vida de una salvadoreña que persiguió sus sueños de niña tras descubrir que le fascinaba el mar y lo que contenía, sobre todo después de ver un documental de tiburones ballena.

Andrea Herrera nació el 30 de marzo de 1996 en San Salvador. Su madre, Zintia Herrera, dijo que pesó unas siete libras y midió 50 centímetros, aproximadamente. Es la mayor de dos hermanas, la pequeña es Ariel.

En palabras de la madre, Andrea siempre fue inquieta y participó en todas las actividades que le interesaban en el colegio: cantó, bailó, era buena oradora, muy sociable y «platicona».

«Las maestras la utilizaban para que los otros chicos se adaptaran al kínder. Ella hacía sentir bien a los demás y siempre participaba en todo. Tenía esa cualidad de hablar bastante y, bueno, era una cualidad y a veces un problema porque siempre hablaba y hablaba, aunque estuvieran los profesores presentes. Eso sí, siempre fue una buena alumna», compartió.

Su vida estudiantil, de kínder al bachillerato, transcurrió en el colegio Espíritu Santo donde obtuvo el título de bachiller general en el 2013.

Zintia explicó que unos amigos tenían un terreno en la playa Maculís (La Unión) y solía viajar allá junto a sus hijas.  Las niñas vieron el mar por primera vez cuando tenían ocho y nueve años.

«Cuando conocieron Maculís, la amaron porque siempre la llamé mi paraíso privado […] Realmente es una belleza, es considerada una de las 30 playas más hermosas de Latinoamérica. No es gigante, pero tiene muchas rocas a los extremos que hacen como la entrada al mar. Entonces, ves un montón de especímenes y ella vio todo eso. Amó estar ahí, vivir tantos días ahí y tantas experiencias, nos embarcábamos».

Por todo lo vivido, Andrea sentenció desde muy pequeña: «Yo quiero ser bióloga marina».

«Yo les decía una frase a mis hijas: “Las limitantes solo están en tu mente, puedes ser lo tú quieras” y se los dije toda la vida. Andrea me hablaba de peros, y yo: “Las limitantes están en tu mente” […] Me preguntaba: “¿Cómo vamos a hacer?”. Ya vamos a ver, le decía».

Su primer destino: Taiwán

Debido a que en El Salvador no existe una carrera de biología marina, Zintia fue quien alentó a su hija a optar por estudios en el extranjero y le mostró las oportunidades académicas que en aquel momento ofrecía la Embajada de la República de China (Taiwán) en El Salvador. 

Fue así que la joven ganó una beca MOFA del Ministerio de Relaciones Exteriores taiwanés  (en inglés Ministry Of Foreign Affairs) que le cubrió los gastos totales para cinco años de estudio: el primero fue para aprender mandarín en el Centro de Lengua y Cultura China y los otros para cursar la Licenciatura en Ciencias (Bachelor of Science – BS) en el Instituto de Biotecnología Marina y Recursos de la Universidad Nacional Sun Yat-sen (National Sun Yat-sen University, NSYSU). Obtuvo su título en el 2020 y después buscó más oportunidades de aprendizaje, que se concretaron en pasantías de investigación marina, ya que su universidad es líder en este tipo de programas.

«Después de graduarme hice pasantías y también terminé trabajando en la universidad. Ahí me fui al atolón en el mar del sur de China, que le pertenece a Taiwán. Es un atolón que no está abierto al público porque es una base militar, aunque permiten a investigadoras e investigadores realizar sus trabajos. Trabajé con corales tropicales durante un año y fue una gran oportunidad porque estuve metiéndome de lleno a la investigación de campo», dijo.

Su expedición fue al Parque Nacional del Atolón Dongsha donde indagó sobre los pastos marinos: «Son importantes porque son fuente de comida y hogar de muchas especies, incluyendo los tiburones pequeños. Ocurría que había mortalidad masiva de los pastos y mi tarea era exponer algas a diversas temperaturas para saber si el calentamiento del agua puede estresarlas y hacer que mueran».

Andrea viajó al atolón gracias al apoyo del profesor Keryea Soong, un investigador de corales que visitó El Salvador hace muchas décadas, y con quien estableció una gran conexión. 

Tiburones limón y tintoreras

En Dongsha, tuvo contacto por primera vez con unos tiburones: «Estaba estudiando los corales y las algas, pero vi a los tiburones limón, que se llaman así por el color de la parte de arriba, que simula un amarillo. En el atolón son jóvenes, entre 40 y 110 centímetros, cuando están grandes pueden llegar a los tres metros. Podían ser unos tres o cuatro que estaban ahí, nadando y comiendo. Es una especie tímida que no interactúa tanto, los tiburones te miran y se van […] Fue una experiencia que me cambió la percepción a quedarme en la rama de las ciencias marinas. En Taiwán yo encontré formas de realizar investigación sobre tiburones, pero fue hasta la maestría que de forma completa me meto a investigarlos».

Decidida a especializarse en escualos, buscó una maestría con Eramus Mundus Association (EMA) en Biotecnología Marina y sus Recursos. Supo de los tiburones azules, llamados también tintoreras por su nombre científico «Prionace glauca». En latín glaucum significa verde azulado, colores que se notan en el dorso y costado del animal.

En agosto de 2023 salió de Taiwán a Europa, donde su primera parada fue en la Universidad de Burdeos (Francia). Luego estudió en la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea y ahora está en la Universidad de las Azores, en Portugal.

Por ahora vive en la ciudad costera de Oporto y viaja al archipiélago de las Azores, formado por nueve islas: San Miguel, Tercera, Santa María, Pico, San Jorge, Graciosa, Faial, Flores, Corvo. Andrea tiene más de 11 años de no estar en El Salvador. Se graduó del colegio a los 17 años, llegó a Taiwán al cumplir 18 y a los 28 empezó con los tiburones azules.

«ESTUVE EN MEDIO DE OCHO TIBURONES»

Andrea llegó hasta la isla Faial (en las Azores), donde vive grandes experiencias con las tintoreras. En junio del año pasado (2024), entró en contacto con los tiburones azules. Recuerda el temor que sintió la primera vez al estar frente a un escualo, un episodio que ahora comparte entre sonrisas. Después de ese encuentro ha habido muchos más, algunos porque necesita colectar datos para su investigación. A continuación, parte de las experiencias que ha vivido. 

¿Cómo fue ese día que conociste a la tintorera?
Ese día estábamos en aguas azules, se les llama así porque no ves el fondo del mar, estás en medio de la nada. Si empezás a nadar, de repente no sabés si a la derecha o a la izquierda, si estás arriba o abajo, no hay referencias, todo es azul. Los tiburones azules son especies pelágicas, es decir de profundidad. Nunca las encontrás en la costa, siempre están en medio del atolón.

¿Y cuántos metros te sumergiste?
Yo estoy entre cero y 10 (metros). Ellos pueden subir muy a la superficie, casi que a los cero, o sea, el bote está sobre el agua, en la superficie, y del bote al fondo hay de 300 a 400 metros de profundidad, pero yo me sumerjo hasta 10 metros.

¿Eso es lo máximo?
Haciendo apnea, sí. Si hago buceo puede ser la misma profundidad porque ellos están ahí, claro que buceando estás entre cero y 20. Si estoy haciendo apnea, usando mi propio oxígeno, mis pulmones, no debo bajar más por seguridad.

¿Y esa primera vez fue con apnea o tanque? 
Con apnea y muchas de las otras veces también. ¿Por qué apnea? Porque ellos están más curiosos y con un tanque estoy haciendo un montón de burbujas, no puedo moverme con facilidad. Cuando estoy solamente con mi traje, solo yo, sin tanque, tengo más posibilidades de moverme. También estoy cargando unas cámaras y no necesito estar tanto tiempo adentro. Me quedo adentro un buen tiempo, pero no puedo dejar de respirar mucho tiempo.

¿Cuánto tiempo podés estar sin respirar?
Dos minutos, pero quiero entrenar para tener más habilidad.

¿Y en esa primera inmersión viste a un tiburón?
Claro, y esa primera vez me dije: “Andrea tranquila, porque estos pueden oler que te estás muriendo de nervios”, porque lo pueden sentir. En una capacitación mi supervisor me había explicado cuáles eran los pasos a seguir para estar ahí y sentirme segura, porque ellos son predadores y si ven que estoy causando algún tipo de competencia o lo que sea, pues […] Entonces, yo estaba viendo a todos lados con la cámara y de repente veo uno, y era un tiburonzote como de tres metros, el doble mi estatura. Estaba lejos, me ve y se viene a nadar enfrente mío, se acerca como para saber quién está ahí, me mira y se va. Estaba sin palabras, pensaba solo en que ese tiburón enorme y yo estuvimos juntos y vino porque solo quería verme.

¿Te dio miedo o solo fue sorpresa?
Creo que la adrenalina estaba más fuerte que el miedo, pero es más el mar, estás en el Atlántico. Hubo una vez que las olas estaban muy fuertes, había corriente y hubo como cinco o seis tiburones ese día. Yo decía: “Quiero irme de aquí”, que es un reflejo natural del ser humano sentir miedo, y me puse a pensar qué hacer para sentirme más segura, pero nunca fue miedo al tiburón. Las veces que he sentido miedo ha sido por las condiciones del mar y, claro, por la profundidad […] Me siento tan diminuta cuando veo cinco, seis tiburones. Estoy en medio del océano viendo azul por todos lados y eso me hace sentir pequeña.

¿Te rodean?
Claro, están a 10 metros de distancia, estoy súper cerca de ellos. Puedo verlos nadar, juguetear, y estoy con ellos en medio.

¿Esa es la cantidad más grande con los que has estado?
Yo vi unos seis, pero dijeron que eran ocho, yo no estaba contando. Es que ese día el océano estaba súper fuerte y era bien difícil, pero no era por el tiburón en sí que me sentía incómoda.   

Entonces, fueron ocho. ¿Todos machos?
Por la data que existe, en ese tiempo, verano, la mayoría son machos.

He leído que miden hasta cuatro metros.
Sí, son enormes, y esos que vi eran grandes.

¿Qué estatura tenés?
1.60 (metros).

TIBURONES AZULES

TIBURONES AZULES
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