Para un joven que sobrevivió a cuatro balas que le dispararon a la cabeza y una más que se alojó en la médula y lo dejó parapléjico, fue altamente simbólico, en 2015, dibujar una pistola con un nudo en el cañón, en un mural dedicado a la reina de Noruega, Sonja Haraldsen. Fue un grito de esperanza por el cese de la violencia pandilleril, de la que se salvó haciéndose el muerto, sobre un charco de sangre.

Aquel trágico recuerdo, a la orilla de la poza La Hervedora, en Huizúcar, La Libertad Este, de rodillas escuchando su sentencia de muerte, inspiró a Melvin Gómez a dejar fluir su talento con los pinceles, trazando a una niña soplando burbujas con mensajes de paz y esperanza.

Foto: Dennis Argueta / Diario El Salvador

«La pistola con un nudo representaba esa esperanza de que nuestro país llegara a vivir en paz. La reina me dijo que “ojalá El Salvador alcance la paz que los niños y jóvenes merecen”. Y esas palabras se han cumplido. En ese momento pensé que nunca lo íbamos a lograr, pero se ha logrado. Los niños y jóvenes merecen un país se guro para cumplir sus metas y sueños», expresa Gómez desde su taller llamado Pinceladas de Esperanza, que se ubica en el barrio El Calvario, de Huizúcar, donde comparte su envidiable talento en la pintura y cerámica en barro, con niños y jóvenes de su comunidad.

Foto: Dennis Argueta / Diario El Salvador

MARCADO POR LA VIOLENCIA

En su condición de silla de ruedas, Melvin no ha vuelto a la poza del río Huiza donde el 16 de noviembre de 2009 decidió ir a darse un chapuzón después de retirar su certificado de noveno grado. Era un joven de 16 años con mucho talento para el fútbol. Jugaba en la selección de la escuela y era considerado candidato para el fútbol federado.

Su vida transcurría con la mayor normalidad, entre los salones de clases, las canchas de fútbol y la recreación con sus amigos, teniendo como costumbre adentrarse por veredas para ir a nadar a las pozas de aquel río.

Foto: Dennis Argueta / Diario El SalvadorFOTO DENNIS ARGUETA

El 16 de noviembre de 2009 fue fecha de celebración y de tragedia. Llegaron a la poza La Hervedora aproximadamente a las 2 de la tarde y no había pasado ni media hora de lanzarse en clavados desde las raíces de los árboles cuando fueron rodeados por tres sujetos, con gorros navarone, que les apuntaban con sus armas.

Eran tiempos en los que las pandillas marcaban territorio y el río Huiza era un límite para las pandillas criminales contrarias.

Con amenazas, los hincaron en línea y sin mediar palabra les comenzaron a disparar uno por uno en la cabeza. «Yo fui el último. Se me ocurrió cubrirme la cabeza con las manos. Cuando sonaron los disparos, me quedé viendo oscuro. Sentí los golpes en la cabeza y me hice el muerto. Las manos detuvieron los impactos. Me golpearon el cráneo, pero no hubo fractura», recordó.

Foto: Dennis Argueta / Diario El Salvador

Cuando los pandilleros se fueron trató de auxiliar a sus amigos, pero al intentar ponerse de pie se dio cuenta de que ya no podía. Una bala le causó una lesión medular. Se arrastró hasta dos de sus compañeros, que ya estaban muertos (los fallecidos eran hermanos) y el tercero aún tenía signos vitales, pero a los pocos minutos falleció.

Horas después llegó a la zona otro compañero que iba a celebrar en la poza, pero se encontró con la dantesca escena y fue quien avisó a las autoridades.

Foto: Dennis Argueta / Diario El Salvador

UN CAMBIO DE VIDA

Aquella vivencia extrema significó un giro en la vida de Melvin. «Tenía que aceptar que mi vida había cambiado. Afrontar el trauma de ver morir a tres de mis amigos, seguir un proceso legal [dos de los asesinos fueron capturados], iniciar un proceso de rehabilitación», reseña Gómez, ahora de 31 años, casado y padre de una niña de siete meses.

Para tratar de superar lo fatídico, el joven se refugió en el mundo de las artes. Continuó sus estudios de bachillerato en la modalidad a distancia y los sábados se dedicaba a aprender inglés y recibir clases de diseño. Al tercer intento, en 2015, logró una beca para estudiar el bachillerato internacional en Colegios del Mundo Unido, con sede en Noruega. Estudió inglés, artes visuales y filosofía.

«El arte me ayudó a canalizar mis emociones y pensamientos. Con mis pinceles hice una gran cantidad de obras», recuerda. En su primera faceta de pintor su principal inspiración era dibujar y pintar ángeles, a los que atribuía el estar vivo. Como alumno destacado, fue seleccionado para pintar un mural dedicado a la reina de Noruega y se inspiró en sus deseos de paz para El Salvador.

«La temática del mural fue la paz. Una niña soplando burbujas y en cada burbuja había elementos de la paz», repasa Gómez.

A su regreso a El Salvador, impulsó obras benéficas, gestionó fondos para re modelar escuelas, en lo personal decidió transmitir su arte a las nuevas generaciones y logró metas inimaginables. Su inteligencia se vio compensada con una beca de cuatro años para estudiar Licenciatura en Bellas Artes, en Ringlin College en Florida, Estados Unidos.

En los últimos años se ha dedicado a la producción de obras que son vendidas en su casa o en exposiciones en diferentes galerías. Su mayor inspiración son las pinturas con figuras humanas.

Periódicamente viaja a dar clases de pintura a Canadá y se dedica a su familia, en un país que está lejos de la violencia del pasado. «Tengo mi hija y es mi deseo que crezca en un ambiente de paz», expresa Melvin.

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