Hace más de un mes, el salón de la casa parroquial de la iglesia El Señor del Calvario, en San Miguel, luce un mural en el que se aprecia a los evangelis­tas Mateo, Marcos, Lucas y Juan, así como una imagen de san Miguel arcángel y el escudo de la ciudad en la fachada.

En el patio de la casa parroquial se observan cuatro pequeños murales con la advocación de la Virgen María. Este es un trabajo de la migueleña Karen González, de 46 años.

A los tres años, Karen fue diagnosti­cada con poliomielitis (una enfermedad viral que afecta la médula espinal y cau­sa debilidad muscular y parálisis) que la dejó en silla de ruedas, pero no le ha im­pedido desarrollar sus talentos y habilida­des, en específico en las áreas de la pintu­ra y las manualidades con estructuras en durapax y madera.

«Mi abuela siempre me inculcó que mis manos y mi mente estaban bien, en­tonces ser una persona con discapacidad no me dificulta nada, y poco a poco he practicado más», comenta Karen, quien desde hace 20 años se dedica a pintar cua­dros por encargo.

El reto llegó hace dos años cuando el párroco Luis Napoleón Ulloa le solicitó unos cuadros de la Virgen María, algo a lo que Karen accedió rápidamente, pero el religioso le aclaró que se trataba de pe­queños murales.

«Me quedé y le dije “está bien padre”, porque algo que tengo es que no me pon­go obstáculos, cuando me dicen “me vas a hacer esto”, está bien, yo lo voy a hacer, si no me sale bien, pero ya lo intenté, no me gusta decir no puedo», recuerda Karen.

A poco más de un año, el sacerdote le pidió pintar otro mural en el salón de la casa parroquial, en esta ocasión un poco más grande, son cuatro bloques de 5 me­tros de ancho por 3 metros de alto.

«Cuando empecé a hacer estas pintu­ras del salón me puse el reto de hacerlo y, pues, gracias a Dios, él [sacerdote] fue poco lo que me dijo: “Karen no está bien esto”. El padre sí me puso un reto que es una de las imágenes de la Virgen, que para él es muy importante, y la verdad, es que de todas las pinturas que he hecho, en particular, esa me llegó al corazón. Plas­mar la maternidad de la Virgen porque siento que es la pintura que me conecta con mi mamá, ella ya falleció», explica.

El trabajo en la casa parroquial de El Señor del Calvario ha sido su primer mu­ral y es muy apreciado por la comunidad católica que se reúne en el espacio, ade­más de ayudar a Karen a descubrir nue­vas oportunidades.

«La Karen que comenzó a pintar era una niña sin experiencia, donde trazaba líneas por aquí y por allá; ya, gracias a Dios, un poco más madura en mi trabajo, hoy me fijo en los detalles minuciosamen­te, soy un poco perfeccionista porque si algo no me queda, lo vuelvo a realizar», indicó.

Agrega que esta experiencia le ha ser­vido para darse cuenta de que los obstá­culos solo están en la mente.

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