Llegué al Parque Recreativo Costa del Sol con curiosidad por ver cómo había quedado tras su renovación. Lo había visto en fotografías, pero al llegar la impresión fue distinta: el lugar supera lo que muestran las imágenes.
El acceso fue ágil; el parqueo cuesta $2 por el día y, tras dejar el vehículo, me dirigí a la taquilla, donde pagué la entrada y recibí una pulsera que permite ingresar y desplazarse sin inconvenientes dentro del parque.

Desde los primeros pasos, el lugar transmite orden y amplitud. La distribución de sus espacios permite identificar con facilidad las distintas áreas: ranchos, cabañas y palapas se reparten entre la zona de piscinas y el frente de playa, ofreciendo alternativas según el tipo de visita.
Durante mi recorrido opté por instalarme en una palapa bajo una palmera, donde, a pesar de la intensidad del sol, la brisa constante y la vista al mar generaban un ambiente agradable.
Decidí recorrer el lugar con calma. Caminé a la orilla de la playa, disfrutando del agua y recogiendo algunas conchitas en el camino. Es un recorrido sencillo, pero que suma a la experiencia, sobre todo porque a pocos pasos siempre hay un espacio cómodo para regresar a descansar.
El parque está claramente enfocado en visitas familiares. Encontré dos piscinas grandes, áreas de juegos para niños y espacios inclusivos con accesibilidad universal. Por supuesto, los guardavidas están al pendiente de los turistas tanto en la playa como en las piscinas.
También cuenta con servicios que refuerzan esa experiencia: una enfermería equipada para atender cualquier emergencia y una sala de lactancia materna, pensada para brindar comodidad y privacidad a las familias con bebés.

A esto se suman los restaurantes tipo food court, por lo que no es necesario de salir del complejo para comprar alimentos.
En cuanto a infraestructura, el parque cuenta con 28 ranchos familiares, 28 palapas frente a la playa y 17 cabañas disponibles para quienes quieran pasar la noche, con precios desde $50. Además, una pasarela conecta las distintas áreas, lo que hace más práctico moverse dentro del lugar.
Los costos adicionales son bastante accesibles: alquilar un rancho frente a la playa cuesta $15 e incluye mesa, cuatro sillas y una hamaca; del lado de la piscina, el precio es de $12. También se pueden rentar hamacas por $5 o sillas individuales por $2.

Ubicado en San Luis La Herradura, a 65 kilómetros de San Salvador, el parque abre todos los días de 8:00 a.m. a 8:00 p.m. La entrada es de $2.50 para nacionales y $5.00 para extranjeros, mientras que niños menores de 7 años, adultos mayores y personas con discapacidad ingresan gratis.
Otra opción para llegar al parque es a través de los Buses Alegres del Instituto Salvadoreño de Turismo (ISTU), que incluyen este destino dentro de sus recorridos. Para acceder a este servicio, solo deben consultar previamente la programación oficial de la institución.

Al final del recorrido, la impresión es clara: se trata de un espacio bien equipado, con opciones para pasar el día (y la noche) de forma cómoda, ya sea en la playa, en la piscina o simplemente descansando bajo la sombra. ¿Ya visitaron este parque recreativo?






