Rosa María Menjívar Valiente, una mujer de 27 años, apasionada por el campo, los negocios y la medicina. Le gusta el ganado, ayuda a su madre en una carnicería y al final de este año se convertirá en doctora, cursa su última etapa de la carrera.

En la actualidad, realiza su año social en una unidad de salud en Metalío, Sonsonate. Sueña con seguir sus estudios y especializarse en forense o pediatra. Además en tener su propio centro hospitalario, relató.
Es originaria del distrito de Atiquizaya, Ahuachapán Norte. Contó que desde sus cinco años tiene una pasión de disfrutar actividades relacionadas a la ganadería.

Describió que en su vida ha disfrutado de ayudar a sus padres a cuidar el ganado y extraer la leche a las vacas, que por años se ha convertido en su principal fuente de empleo, aseguró.

«Para mi todo esto que hago significa un compromiso, es algo que todo el tiempo me ha gustado. Mis papás desde pequeña me inculcaron un amor por el campo, la ganadería y el negocio que es lo que ellos se han dedicado. Mi inspiración ha sido mi papá y mamá, yo los admiro como trabajan, yo no me puedo quedar a solo estudiar, me gusta trabajar también. Seré una doctora y eso no me hace más. No me avergüenzo de ir al mercado al puesto de carne, al contrario, me enorgullece», relató Rosa Menjívar.
En sus rutinas también divide su tiempo los fines de semana en un negocio de venta de carnes, ubicado en el mercado central de su natal Atiquizaya. Los lunes regresa a sus actividades, de tratar con pacientes y desempeñar con vocación su compromiso de cuidar y salvar vidas en el área de la salud.

«Tener un negocio me gusta, porque no solo es vender, si no darle una buena atención a los clientes. Me identificó mucho como cuando estoy en un consultorio, me agrada poder darle un buen trato a las personas», expresó.

La futura doctora reconoció que tiene una motivación profunda por ayudar a las personas, y considera que fue algo clave que le inspiró para tomar la decisión de convertirse en una profesional de la salud. Externó su deseo a futuro por querer ayudar a personas de recursos limitados con atenciones médicas.
«Un día yo dije: “quiero estudiar medicina”, recuerdo que con mi papá visitábamos cantones, en busca de su ganado, y en La línea (cantón de Atiquizaya), habían personas que vivían en casa de plástico y yo me preguntaba como es que la gente podía vivir ahí y mi papá me respondía que así es la vida. A mi se me partía el corazón, al ver que habían niños enfermos y los padres por falta dinero no podían llevarlos a pasar consulta, eso me marcó y me ayudó a mentalizarme, que algún día prestaría mis servicios de salud, es un sueño que estoy por cumplirlo», relató Rosa.






