Nació tras el final del conflicto armado salvadoreño para atender las secuelas dejadas por la guerra civil en la población salvadoreña. Su nombre: taller de formación, reparación y mantenimiento de sillas de ruedas Amílcar Durán. Fue creado en 2021 como respuesta innovadora para brindar formación técnica y oportunidades de autonomía económica a jóvenes con discapacidad.
Fue impulsado por Amílcar Durán, un usuario de silla de ruedas que en 2008 creó la Fundación Red de Sobrevivientes y Personas con Discapacidad (FRS) para trabajar por la inclusión, la dignidad y los derechos humanos de las personas con discapacidad. Durán lo dejó como legado antes de fallecer por la COVID-19.

El taller honra su memoria con su nombre. La misión de la FRS es promover, incidir y concientizar a la sociedad, desde una perspectiva intersectorial, para lograr la inclusión real de las personas con discapacidad en todos los ámbitos de la vida.
César Noyola, coordinador del taller, explica a «Diario El Salvador» cómo las oportunidades de formación técnica para este segmento de la sociedad salvadoreña impactan en su inclusión económica y social, además de desarrollar habilidades técnicas que favorecen su inserción laboral, movilidad y autonomía.
«[La reparación de sillas de ruedas] es lo que la gente pide día a día, eso lo podemos hacer, pero si pensamos ya en fabricar una silla [de ruedas] todavía nos hace falta recurso. Tenemos cosas por hacer todavía», lamenta Noyola.

El taller opera bajo normativas de seguridad ocupacional, en un espacio de 200 m² en el Hogar de Parálisis Cerebral Roberto Callejas, al sur de San Salvador, con el equipamiento necesario para la formación y producción, beneficiando tanto a quienes se capacitan como a quienes reciben servicios de reparación.
El proceso formativo se estructura en cuatro módulos técnicos: soldadura (estructuras metálicas), pintura, tapicería, la reparación y mantenimiento de las sillas. Noyola reitera que, gracias a este espacio, los jóvenes desarrollan habilidades técnicas que favorecen su inserción laboral y a la vez contribuyen a la movilidad y autonomía de otras personas con discapacidad.
«Primero se realiza un sondeo del estado de la silla, luego se pasa a definir un presupuesto y por consiguiente a la reparación o mantenimiento», explica Noyola al detallar el proceso que se sigue una vez recibe una silla de ruedas para ser trabajada en el taller.
El taller busca actualmente un modelo de autosostenibilidad que le permita obtener recursos económicos, adicionales a los que consiguen con la reparación y mantenimiento de sillas de ruedas. Para ello fabrica artículos complementarios, como cojines, asientos y respaldos para sillas de ruedas. También, confecciona bolsos, accesorios y productos textiles utilitarios, además alquilan sillas de ruedas y brindan servicio de mantenimiento a través de contratos con empresas.

Noyola dice que la diversificación de la mano de obra tiene como objetivo generar ingresos propios que permitan mantener el funcionamiento del taller y ampliar las oportunidades de formación técnica para más jóvenes con discapacidad, contribuyendo así a su inclusión económica y social.
«¡Súmate y transforma vidas! Cada silla reparada y cada joven formado significan una vida transformada», dice el taller en un documento donde habla sobre sus orígenes.
EL TALLER DE LA ESPERANZA
El taller de formación, reparación y mantenimiento de sillas de ruedas Amílcar Durán nació en 2021, como respuesta innovadora a las secuelas de la violencia armada en El Salvador.

Su apertura fue posible gracias a IM Suecia, que aportó recursos para maquinaria, herramientas, materiales, instructores y alquiler del local.
Actualmente, el taller avanza hacia un modelo de autosostenibilidad a través de la producción de artículos complementarios.






