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De Crítica

«REBECCA», UN CLÁSICO DE 80 AÑOS CON NUEVA ADAPTACIÓN.
Por Óscar Jesús Arévalo
«Rebecca», una película dirigida por Alfred Hitchcock hace 80 años, vuelve a la pantalla gracias a la plataforma de Netflix, con una nueva adaptación de la famosa novela de Daphne du Maurier.
Ben Wheatley, el director de este nuevo filme, como para salir al paso de las perspectivas o una forma de «curarse en salud», en una entrevista al «Usa Today» dijo: «Una de las grandes ventajas de hacer un “remake” de una película 80 años después de la original es que las odiosas comparaciones son menos evidentes».
Añadió: «No queda nadie vivo que haya ido al estreno de esa película, más o menos si haces los cálculos es imposible. No me sentí tan mal en ese aspecto».
Para quienes hemos leído el libro, todo se resume en la llegada a la mansión de Manderley de Maxim de Winter, y su nueva esposa, una mujer tímida, anónima y acomplejada. Pronto esta se verá apresada por el perturbador recuerdo de la primera mujer de su marido, Rebecca. Una mujer brillante en muchos aspectos a la que todos parecen adorar y que murió mientras guiaba su velero durante una tormenta.
Esta novela, base de la nueva cinta, está considerada dentro del género gótico por responder a sus características con una ambientación romántica: paisajes sombríos, bosques tenebrosos, ruinas medievales y castillos con sus respectivos sótanos, criptas y pasadizos poblados de fantasmas, ruidos nocturnos, cadenas, esqueletos y demonios.
Si comparamos la nueva versión con la antigua, las dos están divididas en tres actos: el primero donde una joven conoce en Montecarlo a Max Winter, un adinerado viudo. Luego de conocerse y sostener un breve romance se casan y se trasladan a Manderley.
En el comienzo del segundo acto, Max y su esposa ingresan en la mansión y se encuentran con que todos los sirvientes fueron reunidos para recibir a la pareja. La señora Danvers hace su aparición y con una mirada fulmina a la protagonista. Inmediatamente sabemos que la joven novia está en problemas.
No solo tendrá que lidiar con la ama de llaves sino con el recuerdo de la primera esposa de Max. El tercer acto está referido a la investigación sobre la muerte de Rebecca, donde se pasa de un ambiente gótico a una trama policial.
No obstante, el cineasta británico Ben Wheatley, responsable de esta nueva versión, manifestó que las comparaciones son odiosas; pero es muy difícil dejar de lado la «Rebecca» de los años cuarenta.
En ese sentido, aún y estando claros que no hay géneros malos, pues cada uno está lleno de admiradores, en esta última versión observamos que donde veíamos el drama de Maxim (Laurence Olivier), Joan Fontaine (la señora Winters) y Judith Anderson (la señora Danvers), merodeando por escenas con sus trajes negros de luto de cuello alto, con los nuevos personajes, Maxim Winters (Armie Hammer), Lily James (la señora Winters) y Kristin Scott Thomas (la señora Danvers), más parece un cuento de hadas para adultos, donde los personajes están obsesionados con sus sentimientos.
Existen otras diferencias, pero en algunas el director tiene el atenuante de que se encuentra en otro contexto. Los personajes en cuanto a las edades son notables. El señor Winter ya no le lleva a su esposa 20 años y el trato en la relación de pareja es diferente.
El realizador se adaptó a un público moderno y en tiempos de la liberación femenina los maltratos a las esposas resultan desagradables y no son bien vistos. Con esa misma visión, convirtió la película en un «thriller» romántico con suspenso incluido; algo con más amor entre los personajes, que se empeña en mostrar a dos personas enamoradas. Algo contradictorio con la figura presentada por Hitchcock.
Es una película de fantasmas sin fantasmas, pero con los mismos elementos que por años han repercutido en las distintas generaciones, entre estos los traumas del pasado que los seguimos viendo hasta el día de hoy.
De Poesía
RELUMBRE
Por Luis Umaña
Hay uno solo de tus rizos
que me saluda, aunque no te des cuenta
ese rizo y yo somos amigos,
tiene un nombre que no sé pronunciar,
su idioma es el del rocío
que cae fuera de esta sala.
Un rizo que no conozco,
un rizo que envidio,
cae en las escafandras de tus dedos
que acompañan a tus notas,
escafandras que ven todas tus letras,
letras acrílicas y de colores todas,
de colores que no puedo ver, verdes, celestes, letras naranjas,
cristalinas, delicadas, stiletto.
SIN QUE SEPAS
Sería el mismo para siempre,
bajo tus rizos.
No cambiaría jamás la sonrisa en mi rostro,
la alegría de verte feliz cada mañana al despertar.
No cambiaría el beso suave de buenos días,
el abrazo al irte a trabajar.
Bajo tus rizos.
Si querés cambiaría todo, porque sin vos no me hallo,
no le hallo,
no veo los mismos colores.
Y si querés, cambiaría todo, cambiaría mi sonrisa cada vez,
cambiaría siempre la forma de verte feliz.
Todos los días te daría un beso fuerte y diferente,
todos días el abrazo sería otro,
unas veces tomando tu cintura, otras veces más abajo.
Te amaría todos días,
bajo tus rizos o enredado en ellos.
AHORA
Mi corazón está en tus manos
no sé qué pasa aquí.
Soy solo corazón.
No entiendo, pero tus ojos me superan.
No me hables.
No mires,
que me destruyo.
No tengo que estar aquí.
Entre tus rizos, en mis sueños me siento.
Olvídalo, no lo digas,
no lo sigas leyendo que entre estas letras te deseo.

De Efemérides
Selene y Endimión
Endimión, pastor de la Caria, se enamoró de la luna, la única compañía que tenía en el campo. Todas las noches, si hacía buen tiempo, solía tumbarse desnudo junto a la puerta de la cueva donde contemplaba la belleza de la luna para dormir lleno de amor. Un día, la diosa de la luna, Selene, bajó a la Tierra y lo vio dormido. La diosa lo amó y desde entonces siempre lo visitaba de noche y se recostaba junto al pastor sin despertarlo. Ella desconocía el amor que le guardaba Endimión y él ignoraba las noches que pasaba con su amada, hasta que un día se despertó y se enteró de que era amante de la diosa. Ambos confesaron su amor y la felicidad los envolvió. Sin embargo, había pasado tiempo y el cuerpo de Endimión comenzaba a marchitarse. Selene pidió a Zeus que concediera juventud eterna a su amado, y este decidió que Endimión no sufriría el paso del tiempo mientras estuviera dormido; solo envejecería durante la vigilia.
De Poesía

QUIERO DETENER EL TIEMPO
Por Miriam Ventura
Quiero detener aquel tiempo
en que nuestras sonrisas se oían,
en que nuestros ojos se encontraban,
en que nuestros pasos corrían.
Quiero detener aquellos atardeceres
en que nuestras miradas se gritaban sin hablar,
en que vivían a plenitud los quereres,
en que las lágrimas no tenían que rodar.
Quiero detener aquellas tormentas
que bañaban tu cuerpo al pasar,
detener aquellos vientos que jugaban con tu pelo,
aquel río que sabía cómo a mi alma arrullar.
Detener de las avecillas el canto
y soltarlo sobre ese cielo sombrío.
Te quise, te amé tanto
Que aún tu recuerdo duerme al lado mío.
COMO QUISIERA
Como quisiera que el mundo
pudiera mantenerse unido
como esos colores profundos
del arcoíris construido.
Como quisiera que por un momento
el mundo deje de sufrir,
que unieran su lamento
y que aprendieran a vivir.
Como quisiera
con la violencia acabar,
que mi hijo no sufriera,
que el mundo me pudiera escuchar.
Como quisiera
que acabar el racismo,
que la gente feliz fuera
sin envidias ni egoísmo.
Como deseo ver a un pobre
comer en casa de un rico,
ver la plata, el oro y el cobre
hacerse en el fuego añico.
Como quisiera
no ver tanta gente inocente muriendo,
tantos niños desapareciendo.
Como quisiera
que el mundo se fuera uniendo.







