En los mercados internacionales, el precio del oro rompió barreras este lunes al cotizarse cerca de los $3,700 por onza, marcando un récord sin precedentes. El alza refleja una creciente demanda por activos defensivos en medio de señales mixtas sobre la dirección de la política monetaria en Estados Unidos.
Uno de los factores que más ha contribuido al aumento del valor del oro son las dudas sobre la independencia de la Reserva Federal (Fed), tras la inesperada destitución de una de sus gobernadoras por parte del presidente Donald Trump.
Además, la tensión geopolítica global se ha acentuado con la reimposición de sanciones internacionales a Irán, lo cual ha reavivado los temores de riesgo en mercados emergentes y avanzados por igual. En este contexto, el oro, históricamente visto como un refugio en tiempos de crisis, ha recibido un flujo de capital que ratifica su papel como cobertura ante la volatilidad.
Otro elemento que pesa en el mercado es la debilidad de algunas monedas frente al dólar, así como la depreciación del yen en Japón. En ese país, el oro minorista superó los 20,000 yenes por gramo.
No obstante, los analistas advierten que este panorama podría cambiar si la Fed decide reforzar su credibilidad y transparencia, si hay un giro en la política comercial internacional, o si se logran disminuir los riesgos geopolíticos. En caso contrario, el oro podría seguir escalando su valor, aunque también crecerán los costos de oportunidad de mantenerlo frente a otros instrumentos financieros.
Para los inversionistas en América Latina y otros mercados fuera de los principales centros financieros, este récord del oro conlleva tanto oportunidades como desafíos. Por un lado, quienes ya poseen reservas o inversiones en metales preciosos verán apreciarse sus activos. Pero por otro, los costes de importación para joyería u otros usos podrían subir, lo que puede generar presiones inflacionarias locales, especialmente en países cuya moneda se deprecia con frecuencia frente al dólar.







