El poder en su sentido político es autónomo, esto significa que no se puede traducir en fórmulas sumarias, fórmulas, ecuaciones, ni tampoco en recetas que distorsionen su análisis.
El poder político no tiene código en el sentido de un sistema de reglas o normas que se pueden aplicar de manera mecánica y uniforme. El poder político es una complicada maquinaria de decisiones acorde con las tendencias ideológicas, a la visión del Gobierno que impulsa y hace efectivas las decisiones a través de leyes para que sus objetivos contengan la legalidad y legitimidad que se necesita.
El poder político no es un conjunto de reglas escritas de manera sistemática, ni es tampoco una recopilación de principios y conceptos; en consecuencia, en físico no existe una recopilación con las características de un código. El poder político se ejerce a través de procedimientos y penetran en las instituciones del Estado.
El presidente de la república gravita alrededor del poder, y sabe que el poder no se encuentra centralizado en el Estado, y que este es un efecto de las relaciones mismas del poder, y actúa como una red que produce, que atraviesa toda la sociedad, que de él emanan cosas, que el poder no se da en ningún lugar concreto ni en una sola dirección, que el ejercicio y funcionamiento del poder es difuso, y se ejerce a través de diferentes mecanismos para obtener resultados que se centran en las propias características del poder, pero de manera especial y significativa es que en la política nadie juega con las mismas reglas.
El estilo y la forma de gobernar tienen un componente estratégico que contiene intereses, visiones, prácticas políticas, interrelaciones de poder, maniobras, estrategias, tácticas, lo subyacente, y hace uso de todos estos factores como control político y para mantener y sostener el mismo. En esa estructura de poder están constituidas jerarquías, niveles primarios y secundarios, instancias, donde se aplica esa recopilación de hechos, actos y circunstancias; de esta manera se mueve el poder y se multiplica, sabe medir las cosas.
Para un individuo que hace oposición a un Gobierno con argumentos que no tienen contenido virtuoso, el asunto es cómo se expresa para plantear los argumentos con los cuales va construyendo las gradas insurreccionales cuando interviene en distintas apariciones públicas. Lo lamentable de estos casos es que les agarra la tarde, pues el mismo individuo se delata a sí mismo al manifestar sus intenciones.
El poder político es muy versátil. El opositor político por sí mismo va construyendo la confrontación política contra el poder, por lo dicho, después no pueden retractarse o arrepentirse de sus errores políticos. En la política no hay «mea culpa», la forma de operar de los sujetos políticos a través de apariciones públicas en los distintos medios es ordinaria, pero el antagonista del poder pretende creer que sus intervenciones son extraordinarias, y lo hace para que la sociedad le haga un reconocimiento y apoyo, el cual a fin de cuentas no lo obtiene.
Dicho lo anterior, vemos que un ciudadano puede tener conocimientos profundos sobre determinada disciplina del saber, y algunas están ligadas indiscutiblemente al poder mismo, y penetran en «los laberintos del poder», lo cual constituye un grave error por carecer del conocimiento de cuál es el funcionamiento y la dinámica del poder.
El presidente de la república, con base al poder discrecional que le otorga la Constitución, puede actuar en circunstancias especiales para tomar decisiones basadas en su propio criterio para: 1. Mantener el orden político, y 2. Mantener la gobernabilidad y estabilidad política, con el objetivo de mantener el orden existente de las cosas. Todo esto presta una situación estratégica aplicando mecanismos para articular resistencia al contrapoder. El poder político cambia de rostro, pero nunca de naturaleza.







