El Salvador destaca en la región centroamericana en el ámbito del monitoreo y la investigación sísmica, ya que es la nación que tiene más estaciones sísmicas y ha incorporado la tecnología para el análisis y procesamiento de datos.
Esto es relevante dado que El Salvador es el país más pequeño de la región, pero es el que tiene mayor cobertura de monitoreo. Los demás países, a pesar de que tienen mayor extensión, cuentan con menor número de estaciones.
De acuerdo con los datos del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), El Salvador tiene 93 estaciones sísmicas, le siguen Nicaragua con 80, Guatemala y Costa Rica con 50 cada uno, Panamá con 25 y Honduras con 15.
Según Luis Mixco, sismólogo del MARN, estos datos son el resultado de una apuesta técnica y estratégica que ha hecho El Salvador para fortalecer la red de sismología y de alerta temprana.
«El Salvador en estos años ha hecho mucha investigación sismológica y ha sido apoyado técnicamente por naciones como Japón y Estados Unidos. La red sismológica en los países varía según la cobertura y la tecnología; también va de la mano con la densidad del país. Tenemos más cobertura que otros países y somos la red más densa de sismología en Centroamérica. Hay 93 estaciones y la proyección es ampliarla», indicó Mixco.
Por su parte, Guatemala tiene la mayor peligrosidad sísmica de Centroamérica, pues tiene la falla de Motagua, que se activó el 4 de febrero de 1976 con un sismo superior a 7.5 grados, en el cual fallecieron casi 25,000 personas y provocó daños en El Salvador.
«Ellos deberían tener todo el borde de la falla instrumentalizada», aseveró el experto. Además, Honduras tiene zonas activas en Nueva Ocotepeque y también presenta una falla sismogénica; sin embargo, algunas de sus estaciones no reciben mantenimiento.
Nicaragua tiene sus estaciones en la red volcánica donde se ubica Managua, y es el segundo país de Centroamérica con mayor cobertura. Por su parte, Costa Rica tiene dos instituciones que notifican sobre los sismos: la Universidad de Costa Rica (UCR) y el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori). Esto ha generado confusiones en la población, ya que reciben un cruce de información sobre los terremotos.
Por lo tanto, El Salvador cuenta con equipo especializado que le ha permitido apoyar a otros países a brindar información técnica de los sismos. Por ejemplo, recientemente compartieron datos de sismos con Nicaragua, pues en esa nación presentaron problemas en sus sistemas.
Inversión en El Salvador
En las estaciones de monitoreo, que están distribuidas a escala nacional, se cuenta con sismógrafos de período corto, los cuales están en los volcanes y sirven para identificar sismos con cualidades de la actividad volcánica.
También hay sismógrafos de banda ancha que capturan frecuencias altas y bajas, es decir, sismos provenientes de cualquier origen, como el mar u otros países. Asimismo, tienen acelerógrafos, los cuales detectan el sismo y calculan la aceleración, que es un insumo útil para saber el riesgo de las infraestructuras.
Además, recientemente lanzaron la aplicación Alerta de Sismos, que permite avisar a los usuarios entre 16 y 18 segundos antes de la llegada de la onda secundaria. Para esto se instalaron 25 nuevas estaciones sísmicas en la costa salvadoreña con el objetivo de que estén más cerca de la zona de subducción.
«Cuando sucede un sismo, se generan ondas primaras, que son las más rápidas porque viajan a seis kilómetros por segundo, pero después vienen las ondas secundarias, que son las que causan daños. La alerta temprana está enfocada en tener el tiempo suficiente de hacer algo antes de la llegada de las ondas secundarias. Los terremotos no se pueden predecir, lo que se puede es avisar sobre la llegada de la onda secundaria», explicó Mixco.
En las estaciones de alerta temprana se tiene «lo mejor de lo mejor», afirma Mixco, pues están incorporadas con sismógrafos, acelerógrafos y GPS. La placa de Cocos, que está ubicada frente a la costa salvadoreña, se sumerge entre seis a siete centímetros cada año, lo que provoca sismos, especialmente en la zona paracentral y occidental.
Sin embargo, el país también tiene la falla de El Salvador, que se ubica en la cadena volcánica. Los puntos más activos son San Lorenzo, Ahuachapán; el valle de Zapotitán, San Salvador, la caldera de Ilopango y la falla de San Vicente, cuyo movimiento provocó el terremoto del 13 de febrero de 2001.
«En la zona de Berlín y Mercedes Umaña [Usulután] hay una falla que genera problemas, pero los tres puntos con mayor actividad sísmica en el país o puntos calientes son, en primer lugar, Ahuachapán; en segundo, Conchagua; y tercero, San Salvador», detalló el especialista.
Por lo tanto, el MARN desarrolla estudios sobre riesgos sísmicos y los resultados son publicados en sitios especializados. La proyección es mejorar la redundancia de sistemas, incrementar el número de estaciones y potenciar el uso de tecnología en el monitoreo y análisis de riesgos sísmicos.







