Frente a miles de seguidores en internet, el llamado «señor de las frutas» nativas describe sabores, texturas y posibles usos de raros ejemplares. Gian Paolo Daguer dirige una red voluntaria para salvar estos manjares de la extinción en Colombia, uno de los países más biodiversos.
Desde su casa en Bogotá, el ingeniero ambiental graba con una cámara de celular la reseña de una lúcuma, un fruto tropical poco conocido, cuya apariencia exterior es similar a la de un coco. Por dentro se asemeja a una palta o aguacate amarillento y es de sabor ligeramente dulce.
En sus redes sociales, el proyecto «Frutas de Colombia» suma más de 108 mil seguidores. Sin fines de lucro, Daguer también lidera una red de chats en WhatsApp donde biólogos, campesinos y chefs, entre otros, comparten sus conocimientos y acuerdan intercambios de semillas.
Es una «visión holística en donde confluyen todos esos conocimientos diferentes con una intención de conservar y recuperar la biodiversidad y las frutas (…) que crecen en Colombia», dice a la AFP.

De acuerdo con Carolina Castellanos, bióloga del Instituto Humboldt, «Colombia es uno de los países más ricos en número de especies de plantas».
El estudio más reciente de esa entidad vinculada al Ministerio de Ambiente y otros organismos determinó que hay por los menos 3.000 especies «alimenticias» en Colombia, de las cuales los seres humanos consumen tallos, hojas, frutos o semillas. Pero por lo menos el 10 % de ellas están en riesgo de desaparecer.
«Ciencia ciudadana»
En el marco de la COP16 sobre biodiversidad que arrancó en 2024 en la ciudad colombiana de Cali y terminó este febrero en Roma, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) alertó que el 38% de los árboles del mundo están amenazados de extinción.
En 2024, el país perdió un área de bosque similar a la superficie de Hong Kong (107.000 hectáreas), principalmente por el acaparamiento de tierras para la ganadería, la siembra de hoja de coca y los monocultivos como la palma de aceite.
En pequeños huertos hogareños crecen las plantas provenientes de algunas de las semillas que Daguer consigue y luego distribuye. Los interesados las solicitan por redes sociales, él hace las gestiones para encontrarlas en cualquier punto geográfico y las envía en sobres por mensajería.
La intención es «conservar», «recuperar», «informar y divulgar», asegura.

El gusto nació desde que era niño y disfrutaba comiendo frutas en los viajes familiares a zonas rurales.
Daguer tiene una extensa colección de libros de botánica apilados junto a raros ejemplares de piñuelas, cocorillas, lontar y pandano: todas frutas de formas, texturas y sabores atípicos.
Aunque espontáneo, su trabajo llegó a esferas científicas y fue determinante para catalogar una nueva especie: el Quinguejo, una pepa oscura similar al arándano que crece en Nuquí, un poblado paradisíaco en el departamento del Chocó (noroeste). Hasta 2024 el pequeño fruto no estaba «clasificado botánicamente».

Daguer lo vio por primera vez en redes sociales, encontró a un campesino conocedor y luego participó del estudio de la Universidad Nacional que le dio nombre en homenaje al caserío donde fue hallado.
Es un proceso de «ciencia ciudadana» en el que «confluyen los saberes», añade.







