En el modelo Bukele, tanto en seguridad como en otros rubros, tienen especial importancia la eficacia y la eficiencia.
Eficacia se refiere a lograr los objetivos y las metas establecidas, mientras que la eficiencia se centra en alcanzar esos objetivos utilizando la menor cantidad de recursos posible, pues de esa manera se destina el excedente a otras áreas que también ameritan inversión.
Con relación a lo anterior, hace poco vi una noticia acerca de una cárcel de máxima seguridad que se construirá en Guatemala, para lo cual, según las autoridades de ese país, analizaron, entre las penitenciarías de otros lugares, el modelo del Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) en El Salvador, y concluyeron, luego de las respectivas consideraciones, que ellos podrían edificar, incluso, una mejor.
Mi sorpresa fue cuando vi lo que costará esa prisión e hice la relación costo-beneficio, pues la nota decía que lo que se utilizará solo para la infraestructura (sin el equipamiento) serían $130 millones, una cantidad que no tendría mayor importancia si no hubiese leído después que ese recinto penitenciario tendrá espacio para 2,000 reos; o sea, para que esa prisión esté terminada y equipa da la sociedad guatemalteca tendrá que erogar más de $65,000 por cada reo que inicialmente se aloje en ese lugar. A decir verdad, quizá les saldría mucho más barato pagarles una habitación en un hotel de lujo.
Si comparamos lo que costará esa cárcel y la cantidad de reos que alojará versus el Centro de Confinamiento del Terrorismo y su capacidad para albergar a 40,000 o más, como que algo no encaja.
Con semejante costo y con tan pocos reos se me hace que en esa cárcel sí habrá aire acondicionado, servicio telefónico y una comida mucho mejor que la que come la gente honrada, incluso sus propias víctimas; comodidades que difícilmente serán un disuasivo para que la gente deje de delinquir. Definitivamente, ese no es el modelo Bukele, y muchos de los que dicen que van a instaurar algo similar o parecido lo hacen solo para mejorar su popularidad colgándose de la imagen de nuestro mandatario, pero obedecen a su ego, queriendo mostrar al mundo que no le copian a nadie, o simplemente buscan congraciarse con los falsos defensores de los derechos humanos.
El problema es que si por simple orgullo o por parecer diferentes buscan ha[1]cer algo totalmente distinto a lo que aquí se ha hecho, los resultados también serán distintos, y lo más probable, no serán satisfactorios.
Esa es la razón por la que en ocasiones la gente protesta, pues ve que sus gobiernos son ineficaces a la hora de ejecutar proyectos, que gastan mucho en algo que termina sirviendo para muy poco, o para nada.
En el caso de Guatemala, la eficiencia parece estar descartada, solo falta ver si son eficaces y consiguen terminar en el tiempo previsto. No olvidemos que aquí en el país el proceso de preparación del terreno, la construcción de los pabellones de confinamiento y el resto de las edificaciones y su equipamiento se hizo en tiempo récord.







