Dos figuras marcaron la ruta deportiva y académica de la esgrimista, periodista y catedrática Alba Elizabeth Marroquín: Cecilia Reyes y Carlos Molina, ambos desaparecidos terrenalmente. La primera fue una laureada esgrimista nacional en florete y espada, y el segundo, periodista deportivo que falleció en 2011.
Alba, aunque ha tenido tanto idas como vueltas, lleva 28 años vistiendo el traje de la esgrima y en los últimos 25 ha empuñado el sable, herramienta que la ha llevado a acaparar reflectores y trofeos a escala nacional e internacional.

Marroquín, ahora de 40 años, se inició en el florete desde temprana edad, y quien la inspiró fue la figura esbelta de Ana Cecilia Reyes. Recuerda que tenía 12 años cuando la vio por las cámaras de televisión: hizo un fondo (ataque) y más que del movimiento se enamoró de la forma en que le quedaba el traje.

«Habían hecho como un promocional de todos los deportes que iban a los Juegos de San Pedro Sula, y salía Cecilia Reyes haciendo un gran fondo [ataque], y como ella era alta y delgada, yo dije: «Qué bonito le queda el uniforme. Ese es mi deporte. Así me quedará a mí el uniforme». Y así empezó todo. No me quedó así el uniforme, pero ahí estoy», dice sobre aquella vivencia de finales de 1997.
Cuando Alba apostó por la esgrima recuerda que solo existían las modalidades de espada y florete femenino, y ahí se inició hasta que en 2000 la pasaron a sable, donde ha destacado con lugares importantes en Campeonatos Centroamericanos y Panamericanos Mayor por equipos, incluso obtuvo el tercer lugar en Juegos Centroamericanos y del Caribe San Salvador 2002.
Esos logros le valieron para ser Espiga Dorada en 2001, 2002, 2003 y 2005. A lo largo del tiempo, Alba se ha mantenido constante en sable, pero no siempre a escala competitiva. Primero se retiró por maternidad y luego decidió tomar pausas.
Antes de los Juegos de San Salvador 2023 regresó, pero lo hizo fuera de tiempo y ya no pudo participar. El año pasado, más en forma, obtuvo el segundo lugar en Juegos Centroamericanos y ahora se prepara para asistir a los próximos, que serán en octubre de este año en suelo guatemalteco.

«La esgrima es mi vida, prácticamente son 28 años de estar ahí. Creo que me voy a morir y en la otra vida voy a seguir haciendo eso», asegura.
Sus pasos también los sigue su hijo de 14 años. Y es que la esgrima la lleva en la sangre, ya que su padre también es un esgrimista de origen hondureño.
LA PROFE
En el ámbito académico, Alba también acumula un gran recorrido, sobre todo en periodismo, y parte del crédito se lo lleva Carlos Molina. Según la esgrimista, fue el look relajado de Molina: camiseta, jeans y zapatos tenis durante una entrevista que la invitaron a formarse como comunicadora.
«Carlos Molina me llamó que me iba a entrevistar. Llegó en camiseta blanca, jeans y tenis. Y yo dije: «Esa es mi profesión»», cuenta Marroquín, quien es esquiva a los tacones. Así, en 2012 se tituló como licenciada en periodismo y luego de eso hizo prácticas en «El Diario de Hoy», «Diario El Mundo» y trabajó en Canal 12, así como en «El Gráfico».
También fue parte de un canal local en Honduras, más recientemente es docente horas clases en la Universidad de El Salvador.
También emprende con la importación de implementos deportivos en Sociedades de Acciones Simplificadas e incursiona en algunos temas con la Productora Grow Media El Salvador, y en lo personal genera contenido para un programa que le ha dado a llamar Mujer 360.







