Las líneas que trazan el camino son fundamentales en las fotografías, los dibujos y las pinturas de Francisco Hidalgo.
El artista mexicano -radicado en el país desde hace décadas- ha retratado las líneas y formas de la arquitectura de sus dos grandes ciudades: México y El Salvador.
De las fotos nació «Espejismos urbanos», una unidad de composiciones fotográficas que en algunas piezas combina y une las líneas de edificaciones emblemáticas de ambos países; en otras, las ubica a la par para crear un diálogo, un comparativo y, en síntesis, una sola obra, la que sus ojos ven.
La materia prima fueron las fotografías de «Geométrica», la primera exposición del artista y que se presentó en el Museo Forma de manera parcial.
De estas primeras fotos, de ambos países, «Paco», como también es conocido cariñosamente, las retoma y las convierte en una nueva imagen con arte digital replicándolas para crear nuevas figuras que en sus líneas y formas tienen una parte de la arquitectura de ambas naciones.
Las más de 30 fotografías y cuatro pinturas se exponen del 20 de enero al 25 de febrero en el espacio cultural de la Embajada de México, disponibles de lunes a viernes para visitar de 8 a. m. a 1 p. m.
«La línea recta siempre ha estado en mi obra. Es la partida del punto A al punto B, ese es el camino y así lo pueden ver en esta exposición», detalló «Paco» durante la inauguración.

Jaime Izaguirre, curador de la muestra y maestro de «Paco», celebró el «extraordinario trabajo» del artista deconstruyendo la arquitectura de las fachadas de los edificios y construyendo nuevas.
«Paco ofrece un diálogo entre dos capitales en los que la arquitectura converge. Paco hace la fotografía con ojos de pintor», dijo Izaguirre.
Gabriel Mendoza, encargado de Asuntos culturales de la Embajada de México, destacó que con «Espejismos Urbanos» se diera por iniciada también la temporada de exposiciones del espacio cultural en el recinto diplomático.
«Este es un trabajo extraordinario en cuanto a experiencias y nos da la oportunidad de conocer dos ciudades», dijo Mendoza.
De una en una, en cada fotografía transforma edificios como la simbólica Torre Latinoamericana, en México; el techo de la catedral metropolitana y las líneas de la Torre Roble, en Metrocentro, San Salvador. Se desliza y duplica estructuras que hablan de la historia de los países como el portal la Dalia, el Teatro Nacional.
También retoma detalles que suelen escapar del ojo humano, pero que vueltas nuevas líneas en sus fotografías nos llevan inmediatamente al sitio del que las tomó, como el mármol del monumento al Divino al Salvador del Mundo, la Biblioteca José Vasconcelos, en la capital azteca, o las líneas de los ventanales de edificios antiguos como el otrora Almacén Victoria y Banco Salvadoreño, en el Centro Histórico.
En el recorrido, «Paco», además del movimiento ha puesto su característica alegría y ha dejado pequeñas sorpresas en las fotos que no solo provocarán una sonrisa, sino que vuelven cómplice al espectador.
La belleza de las ciudades es resaltada en sus colores, en sus tramas y las nuevas que generan sus ojos.
Para los amantes de las ciudades es una fiesta geométrica y de imaginación que crea una tercera ciudad, la que el «Paco» ha creado en su universo artístico.
Al centro de la exposición, creó un círculo, especie de espiral, en el que fusiona el Palacio Nacional y la Torre Latinoamericana: «y si te paras allí, en el centro, estarás en dos lugares al mismo tiempo: en México y en El Salvador», detalla.
Entre ambas ciudades, lo que resalta -además de los colores- es una exhuberante arquitectura que en la cotidianeidad se soslayan o se difuminan, pero el ojo del autor es el de un eterno turista en sus dos grandes tierras.
El asombro y la capacidad de sorpresa son innegables en cada imagen.
Al final del camino, como para culminar la combinación de las fotos, el diálogo de las ciudades y su gran capacidad artística en la fotografía y en la pintura, junta sus «pinceles y sus pixeles» en cuatro pinturas que son un estallido de colores duplicando escenarios que nos identifican profundamente como salvadoreños: Plaza Salvador del Mundo, el Teatro Nacional, iglesia El Rosario y la calle de La Amargura, todos puntos cardinales fundamentales para los salvadoreños.
Así, los lugares comunes son llevados a una expresión artística y entrañable que saltan de una ciudad a otra, pero que todas en su conjunto son una bomba de recuerdos, de experiencias y de vivencias que «Paco» logra traer con una sola foto o pintura.
En el futuro
El artista, adentrado en el arte digital, seguirá preparando más composiciones de imágenes que ya conviven con lo surreal. De hecho, una de las vertientes tiene que ver con naves espaciales, así como la posibilidad de crear proyecciones de las imágenes con luminarias y con movimiento.
La obra que vendrá continúa con una línea mezclada de pinturas y fotos, en las que imprime su gusto por lo recto, las ciudades, la arquitectura, los colores, por supuesto, la duplicidad de formas.
Sobre la técnica
Las cuatro pinturas que captan la atención al final del recorrido de fotografías intervenidas, son fruto de un proceso que también inició con una foto, que luego pasó a duplicarse y, finalmente, se plasmó en pintura. Las técnicas van desde óleo sobre tela, acrílico sobre tela y mixta. La composición ofrece un detalle colorido y sólido de lugares con gran fuerza identitaria en El Salvador. En todos, como en un espejo, se duplica su perspectiva desde el Teatro Nacional (1), la calle de La Amargura (2), iglesia El Rosario (3) y plaza Salvador del Mundo (4).
Sobre el artista
Francisco Hidalgo nació en la ciudad de México en 1964. Estudió Artes Plásticas, opción pintura en la Universidad de El Salvador.
Anteriormente, estudió dibujo técnico en la Universidad La Salle, en México, y ha tomado talleres de grabado, fotografía, diseño y gestión cultural.
Su más reciente exposición fue en el Museo Forma, con parte de su muestra «Geométrica», una serie de fotografías sin intervenirlas y resaltando las líneas de las ciudades.


















