Evelia Castillo es de las pocas residentes del distrito de Tenancingo, en Cuscatlán, que mantiene viva la tradición de elaborar sombreros de palma de forma artesanal, con la humildad y la sencillez que la caracterizan asegura que lo hace porque «le gusta».
Han transcurrido cerca de 40 años desde aquel momento cuando por primera vez pudo elaborar uno de estos sombreros; aún conserva la destreza y la agilidad mental que se requiere para fabricarlos. Los más curiosos que elabora son los del tipo «Cipitío», que se caracterizan por su peculiar tamaño y su forma en cono.
«Mi tío hacía los sombreros y se iba a Guatemala a vender, mi mamá hacía el trenzado que se utiliza para ponerle -como detalle-», relata. Apenas tenía siete años en esos momentos.
Los estragos del conflicto armado que sacudieron a Tenancingo aún están en su memoria, principalmente, los enfrentamientos del 7 de junio y del 25 de septiembre de 1983.
«Tenancingo fue tomado dos veces por la guerrilla», recuerda, mientras teje.
Al consultarle sobre las razones que llevaron a continuar con esta tradición simplemente respondió: «Porque me gustó».
«Creo que ya lo traía porque este es el patrimonio de Tenancingo, esta es la cuna del sombrero», añadió.
Tres de sus cuatro hijos aprendieron este oficio, uno de ellos, le ayuda cuando la demanda es grande. Sus clientes se cuentan en despacho de pedidos para el Mercado Nacional de Artesanías y el Excuartel de San Salvador, pero también en Suchitoto, Cojutepeque y Juayúa, este último en el departamento de Sonsonate.
En un día llega a elaborar hasta 18 sombreros tipo «Cipitío», con los cuales rinde tributo a quien por años ha encarnado a este personaje tan querido por los salvadoreños: Rolando Menéndez. Castillo anhela que su legado sea replicado por las nuevas generaciones de Tenancingo.

El proceso para fabricar un sombrero artesanal inicia con la selección de las palmas, cuyas tiras luego son tejidas.

Cada tira es trenzada, luego se coloca en una máquina de pedal para asegurarlas mediante costuras. Fotos DES Guillermo Martínez.







