
El pozo de los deseos
Por Abed Funes / DeCuento
Érase una vez, en un pozo en medio del bosque donde todos llegaban a deshacerse de sus malos pensamientos, porque no es recomendable cargar con ideas perversas y negativas que contaminan el alma, que cuando se sentían afligidos o agobiados por un pensamiento malo llegaban ahí a deshacerse de él y así se liberaban del estrés que esto les causaba.
El misterioso pozo era mágico y cuando las personas le hacían preguntas este, de manera amable, les respondía. Nadie sabe cómo ni cuándo se formó el pozo, tampoco desde cuándo la gente comenzó a llegar a depositar sus malos pensamientos.
Lo único que cuenta la leyenda es que, en una noche de luna llena una bruja volaba con su escoba sobre el bosque y como iba bien cansada se quedó dormida por un instante y, por accidente, se le cayó un huevo de dragón y se formó el pozo.
La bruja nunca se dio cuenta de su pérdida y siguió su camino. El primero en descubrir el pozo fue un anciano que tenía grandes ganas de matar al primero que se le pusiera en frente. Fue al pozo y se acercó para ver el fondo. De repente, el pensamiento de matar que el anciano llevaba desapareció y aquel hombre regreso a casa muy feliz.
Tres días después, una mujer con pensamientos suicidas llegó a sentarse junto al pozo y en unos segundos fue liberada de su pesar. Regresó a casa muy feliz con unos grandes deseos de vivir. Ocho días después, llegó un joven ladrón a descansar al pozo, donde descargó su pesar: todos los días al despertarse por la mañana pensaba en robar a sus vecinos. Se levantó del pozo y regresó a casa muy feliz y contento, y nunca volvió a robar en el resto de su vida.
Desde ese día, uno a uno fue llegando de todas partes del mundo a deshacerse de sus malos pensamientos. En medio del tumulto apareció un borracho que solo pensaba en la mujer de su vecino. Descargó su mal pensamiento, volvió a casa y nunca más deseó a la mujer de su amigo, y lo más increíble y maravilloso es que hasta dejó de beber el alcohol que tanto mal le había causado.
En el fondo del pozo vivía un pequeño dragón. Cuando la gente le hacía preguntas al pozo milagroso, este les respondía. Y cuando dejaban caer al pozo un mal pensamiento, este de inmediato lo quemaba. Un día, unos leñadores quemaron una rama del árbol de pito cerca del pozo y el humo llegó hasta el dragón y lo durmió para siempre.
Desde entonces, mucha gente llega al pozo a lanzar sus malos pensamientos. Solo que estos ya no desaparecían, sino, que veinticuatro horas más tarde salían más fuertes a buscar a sus amos, porque el dragón que los quemaba se quedó profundamente dormido. Y como dicen las hechiceras miniaturas del bosque dormido cuando finalizan sus encantos: abracadabra para que este libro en vez de que se cierre, mejor se abra.

Tardes de mi infancia
Por David Turcios / DePoesía
Tardes otoñales de mi pueblo,
tardes de esperanza e ilusión,
tardes color naranja y cielo,
tardes de luz, vida, color.
Llegar de la escuela de mi pueblo,
decir con prisa un ya llegué,
lanzar mi bolsón sobre la silla,
correr con los amigos de mi barrio,
tardes de vida, luz, ilusión.
Tardes de otoño sin otoños,
tardes naranjas, brisa, paz,
tardes de antaño, sueños y más,
tardes de infancia, cargadas de inocencia,
tardes de amor, luz y del naranja fresco de la tarde.
Tardes de voces y risas infantiles,
reír por nada, por la vida, porque sí,
tardes de pesca en nuestro río,
tardes de mojarras, pepescas y demás,
tardes del otoño eterno del niño aquel.
Tardes que mueren de repente,
tardes del oro, del cianuro concentrado, puro,
verdugo de mi infancia mercurial.
Tardes de muerte de mis peces,
de mi río, flora, fauna, infancia.
Tardes de peces muriendo sin piedad.
Lecho del río, lecho de muerte,
muere el amate, muere el rey fuerte,
protector, amigo de los peces, aves y demás.
Reina un silencio en las tardes de mi infancia,
nuestros bolsones de cuadernos en la mesa,
decir sin alegría un ya llegué.
Tardes del río, melancolía, nostalgia amarga,
tardes del lecho seco, blanco, gris,
tardes de fango, lecho de muerte.

Barro y herida
Por Teresa del Bosque / DePoesía
Párvula encontré la felicidad
en un puñado de lodo rojo atrás del adobe.
El sombrero contaba,
Luna tras Luna,
las pesetas robadas a mi hambre.
Mis ojos eran tumbas de silencio
mirando la grandeza de su odio
a la prole seminal de su desdicha.
Las plumas negras seguían en la viga,
escribían en la teja la tragedia de mis ojos
cada vez que adivinaban elefantes
en el barro orinado con mis lágrimas.
Eran míos los días y las noches
desertores
de las jaulas doma burros
y banderas de libertad.
Yo prefería seguir condenando,
el herraje del sombrero
en sus trenzas más grandes que su sombra.
Y me aferré tanto a la polilla,
cortando sus alas con las lloviznas de mayo,
que abandoné el alfabeto que extirparía de raíz
la grandeza de su raíz
en mi sangre intoxicada.

Corazón habla, lengua calla
Por Wilfredo Bonifacio Córdova / DePoesía
Busca deseo con buena esperanza,
punto de meta sin perder objetivo,
tú eres el sendero de esa bonanza,
conquista mundo sin perder motivo.
Descúbrete tu propia experiencia,
oculta está a la vuelta del camino,
emana con actitud para vivencia,
resuelve problemas del destino.
Premio es por seguir lo verdadero,
aleja apatía, inercia y esa pereza,
esa es la causa de ese atolladero,
sale avante usando tu fortaleza.
Trabaja, madruga, llena satisfacciones,
lograrás tu meta usando esa voluntad,
verás idea creadora en construcciones,
reflejando un alma con fraternidad.
En camino fácil dejemos resarcimiento,
limitemos aberraciones será medicina,
así todo rastro dejará convencimiento,
camina siempre recto con disciplina.
Leyes creadas jamás tendrán acechanza,
reglas naturales nunca podrán cambiarse,
norma de acción y reacción dan confianza,
interés egoísta, mezquino, debe obviarse.
Vivamos nuestro presente y amémoslo,
vida, que es misteriosa con intereses,
antes de tener éxito debes practicarlo,
entusiasma chispa de motor en acciones.
Tengamos dominio por sí mismo,
otros lo ejercerán sobre nosotros
aprende a escuchar con realismo,
experiencia abre mente a vosotros.
Nueva base de pensar cambia miseria,
visión amplia logras objetivo alcanzado,
sin bajeza elevarás tu vida necesaria,
cuando corazón habla, lengua ha callado.

La despedida
Por David Turcios / DePoesía
Mis sentimientos hacia ti serán
siempre sentimientos,
sentimientos latinos, indios, mestizos.
corazón, vida, movimiento.
sentimientos para tu alto ego sin precio,
sentimientos sin valía.
Sentimientos de oro rubio en piel morena,
amor en ojos cafés, pelo negro,
inglés con acento.
Sentimientos para tu alto ego de segunda, tercera o quizás cuarta.
Más sentimientos verdaderos.
Mis sentimientos hacia ti
fueron siempre de oro,
del oro aquel que un día el extranjero extrajo
de nuestras vetas latinas,
mulatas, indias mestizas.
Del oro que galante luces el día a día.
Sentimientos para tu alto ego de segunda, tercera o quizás cuarta.
Tus sentimientos nunca podrán ser míos,
cambiaré el color de mi piel con lejía,
mi cabello rubio con dioxogen,
más no podré cambiar nunca mi acento,
ni el color de mis ojos, color de mi tierra,
del espanglish que saldría siempre de mi boca
para decirte que tus sentimientos
son de barro, del barro aquel que en
mi tierra es barrizal.







