Madre salvadoreña
Por Fredy Ramón Pacheco
Madre de mil batallas
siempre pierdes un hijo
en guerras extrañas
llevando en tu seno
la carga de un país agonizante.
Tus manos siempre
elevadas al cielo
soportando un canasto
soportando el mundo
llena de esperanzas.
Un delantal de rosas
y encajes de esmeraldas
flor de elote, la sonrisa
espigas de maizales
en tu pelo trenzado
Invadiendo las calles
de pesadumbre
y olvidos.
Recordando quizás
la vida que un día
salió de tu vientre
y acarició tu regazo
hasta que se hizo grande…
y se convirtió
en hijo lejano
dolor lejano.
!Y tus ojos brillan madre!
anegados de llanto
enlutados de melancolía
sin explicarte el por qué
tus sueños
siempre son lejanos.
Madre
buscas refugio a tus penas
en los cantares
en los evangelios y los salmos.
Siguen muriéndose tus hijos
sin embargo
siguen despidiéndose de tus ojos
llenando tu alma de ausencias.
Desesperadas tus huellas
por encontrar el camino
que devuelva la paz a tu corazón
cansado de esperas.
Madre,
eres tú la salvadora del mundo
ternura
amor
libertad
armonía del Universo.
Eres el pueblo irredento
conquistando el futuro.
Hoy,
Lejos de tus manos
recuerdo que te debo la vida
siento tus bendiciones
en mi pecho
iluminando los silencios.
Sólo pienso en regresar
al paraíso de tus besos.
«Para ti madre mía»
Por Julio Alberto Hernández Cárcamo
Eres más que estrella,
eres más que sol
y nadie te recompesa
más que con solo el amor.
Eres la mujer más bella de este mundo,
eres la flor de mi jardín
y no la he de cortar
porque de ella he de vivir.
Mujer que de tus entrañas vengo,
mujer que de tu sangre soy,
¿Por qué no he de compartir
los sufrimientos que pasáis?
Mujer, tú que eres mi madre,
tú que sufres y das la vida por mí,
¿Por qué no la he de dar yo?
si la vida para mí
no vale nada sin ti.
Por donde quiera que vaya,
siempre me he de acordar
de la mujer que quiero
y nunca la he de olvidar.
¡Madre, madre mía!
«Recuerdo a mi madre»
Por Julio Alberto Hernández Cárcamo
Te fuiste madre mía,
te fuiste a descansar,
yo no puedo olvidarte
ni dejarte de amar.
Mi insignia es el blanco
y me lo pongo con dolor,
porque me trae el recuerdo,
que ya no tengo tu amor.
Si de niño te hice sufrir
con mis llantos y quejidos,
ya de grande te hice mártir
y hasta te hice morir.
Hoy te pido madre día,
me perdones por lo que hice,
ignoraba que perdía
lo más grande de la tierra.
Un consejo yo les doy
a los que viva tienen a su madre,
que las cuiden mientras viva,
porque después de muerta,
es por gusto que la lloren.







