Durante las administraciones de ARENA y del FMLN, el término «gobernabilidad» llegó a significar lo mismo que soborno o compra de voluntades. En esos años, la vieja política aseguraba que «la democracia era cara» y que el Gobierno de turno debía hacer lo necesario para «garantizar la gobernabilidad». Eso, en definitiva, se traducía en fondos públicos entregados en efectivo a los «socios» de los presidentes de entonces.
Este mecanismo de corrupción surgió con los gobiernos de ARENA, y sus socios del FMLN lo perfeccionaron. Llegaron a convertir el parlamentarismo en una pantomima que se desactivaba cuando los fondos llegaban a los políticos ávidos de riquezas fáciles.
En la anterior Asamblea Legislativa, por ejemplo, uno de esos operadores de la corrupción política fue Rodolfo Párker, perseguido por la justicia nacional y extranjera por su participación en el encubrimiento de la masacre de seis sacerdotes jesuitas y dos colaboradoras. Párker recibía $30,000 mensuales de colaboradores cercanos al también prófugo Mauricio Funes para comprar su voluntad y gestionar apoyo legislativo para las iniciativas del presidente efemelenista.
El dinero, de acuerdo con investigaciones anticorrupción, provenía de la partida de «gastos reservados de la presidencia», que era como se dio en llamar a la partida secreta que supuestamente había sido abolida, pero que convenientemente conservaron. Párker también recibió un cuarto de millón de dólares para financiar su campaña electoral. A cambio, votaba y lograba votaciones favorables.
Esa práctica corrupta terminó cuando el pueblo salvadoreño eligió a Nayib Bukele como presidente. En venganza, estos políticos corruptos bloquearon todos los proyectos que debían pasar por la Asamblea Legislativa, como impedir los financiamientos del Plan Control Territorial y de la lucha contra la pandemia. Como el «maletín negro» de los sobornos ya no llegó a la Asamblea Legislativa, ARENA-FMLN y sus aliados dejaron de apoyar.
Esa importancia de la vieja clase política se acabó cuando el pueblo salvadoreño, de manera valiente y decidida, eligió a la nueva Asamblea Legislativa y le dio a Nuevas Ideas la mayoría calificada. Gracias a esos diputados, el presidente Bukele no solo tuvo los votos para aprobar préstamos que financiaran la guerra contra las pandillas, sino también las leyes necesarias que permiten el régimen de excepción.
Esa es la importancia de las próximas elecciones. No basta solo con que los ciudadanos vuelvan a votar por el presidente Bukele. Se requiere también que tenga los suficientes diputados para continuar ejecutando sus planes. Solo así se garantiza que los mismos de siempre no recuperen el poder de bloquear la seguridad y el desarrollo.







