El fútbol es como casi todo en El Salvador, años de mal manejo, corrupción y desidia que no se pueden arreglar de la noche a la mañana. Por eso es encomiable la persistencia de Yamil Bukele, pues no dio tregua a las negativas hasta por fin tener la oportunidad de luchar por cambiar esa realidad. Por supuesto que corregir algo que por años se hizo mal no depende solo de él, aunque sí es importante su presencia y su liderazgo.
Los últimos resultados en materia de fútbol no han sido los mejores; sin embargo, ni siquiera eso es parámetro para medir qué tanto hemos caído y qué más se esconde detrás de ese pobre desempeño; o sea, qué es lo que hay en la parte no visible de ese iceberg que por ahora parece flotar a la deriva.
Aun así, no debemos perder la esperanza de que, bajo liderazgos honestos y capaces, las cosas por fin cambien para bien de nuestro querido deporte, pues si bien es cierto que lo que hoy sucede no es para aplaudir, también se dice por ahí que cuando se toca fondo se está en el mejor lugar para poner la escalera y comenzar a subir. Eso es algo que Yamil parece tener muy claro, por lo que dijo en un espacio deportivo ante la pregunta de si no le preocupaban los riesgos, a lo que respondió que no, mientras dejaba entrever que nuestro fútbol ya se ubica en un lugar desde el cual no se puede ir más abajo, indistintamente de que alguien lo vea como estar en fondo o simplemente en un punto de inflexión.
Tal como estamos ahora no podemos soñar con clasificar al mundial, y si por aquello de lo fortuito se diese el milagro igual correríamos el riesgo de no estar a la altura, pues hemos perdido nuestra capacidad competitiva. Además de que podría convertirse en un espejismo, hacernos olvidar la realidad en la que estamos parados y abandonar los esfuerzos que se hacen por cambiarla.
Nuestro balompié podrá caminar por mejores derroteros cuando deje de estar dirigido por gente que lo que sabe de fútbol es igual a lo que yo sé de física cuántica, o sea, nada. Gente que llegó a ocupar esos cargos movida por intereses particulares; todo, tanto las personas como sus intereses, totalmente ajenos a lo que se busca cuando se está en esos puestos. Partiendo de eso, puede decirse que lo que hoy le sucede a nuestro fútbol era predecible desde hace mucho tiempo y que incluso se encendieron las alarmas, pero era tanto el desinterés y el enfrascamiento en perseguir objetivos personales que se hizo caso omiso. Ahora lo que queda es mirar hacia ese pasado, no para llorar sobre la leche derramada, sino para corregir.
Reitero mis agradecimientos al desinteresado esfuerzo que hace Yamil por devolver la alegría a nuestro país a través de los distintos deportes, así como luchar por que nuestro fútbol recupere la gloria que tuvo en el pasado; confío en la capacidad que tiene para enfrentar retos difíciles, es algo que le viene de familia. Su actitud me hace recordar una frase del poema «Cuando vayan mal las cosas», de Rudyard Kipling, la cual dice: «Lucha pues, por más que tengas en la brega que sufrir ¡Cuando todo esté peor, más debemos insistir!».







