Huizúcar tiene una de joya cultural que en agosto cumplió 240 años de construcción y que por hoy es uno de los referentes más importantes de la feligresía católica salvadoreña, y en sentido cultural, un tesoro que aún conserva buena parte de su construcción original que data de tiempos de la colonia.
Se trata de la parroquia San Miguel Arcángel, la cual fue fundada por frailes dominicos en agosto de 1785, bajo una concepción que trascendiera la espiritualidad y la conexión con Dios; de ahí que haya sido edificada en uno de los puntos más elevados de la ciudad, según explica el párroco, Edgar Hernández.
«Cuando buscaban inaugurar un templo buscaban las zonas altas de un pueblo, en cambio, los franciscanos tendían a vivir dentro de la llanura del pueblo», relató.
Por eso la mayoría de los pueblos tienen su parroquia en el centro de la ciudad, que fue característico de la evangelización franciscana.
El templo de Huizúcar fue edificado en una loma «para la altura de ese encuentro con Dios». Estudios teológicos hacen referencia a que antiguamente se buscaban las montañas para tener un mejor encuentro con Dios.
Para la construcción del templo fue necesaria mano de obra local indígena, pero bajo una visión española en la que predominaba un estilo neobarroco y, en detalle, una adaptación del arte mudéjar que está presente en vigas que atraviesan las columnas del interior.
«El arte mudéjar es propio de los musulmanes árabes del norte de África, Marruecos, sobre todo», comentó el párroco.
Tras la expulsión de asentamientos musulmanes del sur de España, quedaron como herencia algunas mezquitas con arte mudéjar, este fue retomado en catedrales y parroquias durante una mezcla cultural en la que predominó el cristianismo.
Por su parte, la concepción barroca se puede apreciar en los retablos que tiene considerable espacio para las imágenes, así como la fusión de la madera con el adobe y la forma de las puertas.
«Estas puertas están hechas de modo oval. Distinto, por ejemplo, al arte neobarroco que es ojival (arqueado)», explicó.
También se puede apreciar en los adornos que tienen los retablos que se asemejan a plumas o «colochitos» como las personas suelen llamarlos. «Nuestros evangelizadores españoles utilizaron estos ´colochitos´ para identificar la divinidad -o lo sacro- que existe dentro de la iglesia católica», apuntó el religioso.











