El emprendimiento familiar Ingonyama se dedica a la elaboración de productos provenientes del cacao, en el cantón Tapesquillo Alto, del distrito de Jucuapa, en Usulután Norte. La familia ha desarrollado una línea de productos que incluye tablillas, chocolate instantáneo, barras de chocolate, todos con diferentes porcentajes de cacao, así como vino, vinagre, labiales y manteca.
Amílcar Ortez inició con el negocio en 2016 para ganarse la vida, pues estaba desempleado. Su deseo de superación y amor por el trabajo del campo lo llevó a aplicar por un proyecto en Alianza Cacao, con quienes pudo sembrar las primeras plantas de cacao en asociatividad con plátano y papaya, para ver la retribución de dinero en corto plazo.
«Hemos venido aprendiendo todo el proceso de cosecha y la transformación del grano de cacao. Al sembrar los árboles, estos empiezan a ser productivos en cinco años», dijo Amílcar, quien es el líder del grupo familiar conformado por cinco personas que trabajan en el negocio.
«El nombre Ingonyama, que significa León en idioma Zulú, lo saqué de la película “El Rey León” que habla del ciclo de la vida, porque el cacao para mí es el ciclo de la vida. Para nosotros es un emprendimiento, que a futuro lo vemos como una empresa posicionada a nivel nacional e internacional», expresó el productor.

El emprendimiento ha sido impulsado en los últimos meses gracias al proyecto de Agricultura Climáticamente Inteligente, implementado por el Instituto Global para el Crecimiento Verde (GGGI, por sus siglas en inglés), en conjunto con Redacción Jeannette Rodríguez La familia recibió el apoyo del MAG y la República de Corea.
Este proyecto, que inició en 2023, busca fortalecer las capacidades de jóvenes y mujeres, particularmente de San Miguel y Usulután, para ser más resilientes ante el cambio climático.
El emprendimiento familiar forma parte de uno de los 15 grupos que están recibiendo capacitaciones por parte del GGGI en agricultura, emprendimiento, asistencia técnica y capital semilla para desarrollar sus planes de negocio.
«Particularmente, Amílcar y su grupo familiar recibieron una capacitación de 12 semanas para tener mejor manejo en el cultivo, la parte de negocios y capital semilla, dependiendo de lo que necesitaban de acuerdo con el plan de negocios que se generó para llevarlos a un siguiente nivel en la cadena de valor», explicó Liliana Dávila, representante de GGGI para Centroamérica.
«Teníamos molino, microondas, conchador, y ahora también horno tostador y desgrasadora de cacao. El capital semilla nos ha permitido aumentar principalmente la producción de tablilla dulce, que es el producto que más vendemos», dijo Amílcar.
Su deseo a mediano y largo plazo es establecer, en la finca, un espacio para vender la experiencia a extranjeros y nacionales, para que conozcan desde la siembra del árbol hasta la transformación del grano en diversos productos.
El desarrollo del emprendimiento ha permitido no solo brindar el sustento al grupo familiar conformado por nueve personas, sino también, debido a la compra constante de la mazorca de cacao, benefician a tres grupos familiares más.







