En la colonia Zacamil, Mejicanos, el paisaje urbano ha comenzado a emitir un brillo distinto. No es el reflejo del sol sobre el cemento, sino el destello de más de 100,000 tapas de plástico que, dispuestas con precisión quirúrgica, dan vida a una figura femenina de rasgos mestizos y mirada profunda. La obra número 46, que alcanza los 13 metros de altura, no es solo el mural más alto en la carrera del artista internacional Óscar Olivares, sino un testamento visual de que los residuos solo existen en la falta de imaginación.
La historia de esta técnica que hoy asombra a El Salvador no nació en un taller, sino en un momento de epifanía en París, allá por el año 2019. Mientras Óscar recorría el Museo de Orsay, se detuvo frente a los lienzos puntillistas de Paul Signac. Allí, donde otros veían puntos de pintura, él vio tapas de botellas.
«Para mí fue inmediatamente entender que, así como podíamos crear arte con puntos de color, las tapas de plástico podían ser interpretadas como puntos de color. Ya entonces no se trata de un desecho, no se trata de una basura, sino de la posibilidad de un material artístico», relata Óscar, quien a sus 29 años ya ha intervenido muros en 11 países, entre ellos Panamá, Venezuela, Aruba, México, Italia, Suiza, Alemania y Arabia Saudita.

La alquimia del reciclaje: meses de preparación
Lo que hoy se ve como una explosión cromática es, en realidad, el resultado de meses de logística silenciosa. Antes de colocar la primera tapa, hubo un ejército invisible trabajando. La Custom Made Stories Foundation, junto a la comunidad de Zacamil y la Asociación Nacional de Recolectores y Recicladores de El Salvador (ASONARES), se encargaron de la recolección, el lavado y la meticulosa separación por colores.
El proceso es matemático y artístico a la vez. Óscar calcula que por cada metro cuadrado se requieren aproximadamente 1,100 tapas. Sin embargo, la paleta de colores la dicta el mercado local, convirtiendo cada mural en una huella digital del consumo de ese país.
«En Panamá se consigue mucho más amarillo, en Venezuela predominan los diversos tonos de azul. Acá en El Salvador hay unos colores turquesa, de una marca de agua local, que no se consiguen en estas cantidades en otros países. El diseño se adapta a eso. Nunca pintamos las tapas, trabajamos con la pureza del material que la gente desecha», explica.
La elección del diseño no fue aleatoria. Tras un viaje de 40 días por Italia, Óscar regresó impregnado del espíritu del Renacimiento. Al ver el muro vertical de la Zacamil, supo que debía rendir homenaje a la obra maestra de Leonardo da Vinci, pero adaptándola al rostro y al contexto de la región.

«Sentí que El Salvador también está experimentando un renacimiento… Latinoamérica, el mundo entero está experimentando un renacimiento, me atrevería a decir que desde la pandemia del 2020. Entonces, ¿cómo plasmar eso? Y pensé, por supuesto, en la obra de Leonardo da Vinci, aprovechando que teníamos un mural vertical, casi todas mis obras son horizontales (…) Traté de representar (en la figura femenina) rasgos típicos de Centroamérica, Latinoamérica, pero puede ser cualquier persona», detalla.
Para el artista, este mural es también un acto de fe y libertad creativa. Tras décadas de dibujar (desde los cinco años) y de pasar por academias, siempre terminaba saliendo para «sentirse libre de probar, de jugar y de dibujar».
«Siempre mi arte ha buscado hacer tangible lo intangible. Pintar un paisaje, si lo observas muy bien puede ser sencillo, pero la verdadera complejidad y lo que me interesa siempre es poder pintar esperanza, poder pintar emociones, poder pintar luz donde hay oscuridad. Eso se ha ido evolucionando hasta llegar a un arte que conecta más con la parte más emocional y el alma del espectador, y eso es lo que busco siempre. Que la persona que vea el mural o la obra que realizo, pueda sentir por unos instantes la pasión que yo siento por el arte, el amor que siento cuando estoy creando una obra de arte. Ese es el objetivo y creo que en algunas obras lo estamos logrando», agrega Olivares.

Zacamil: un museo al aire libre
La intervención de Óscar no es un hecho aislado. Se suma a un esfuerzo colectivo por convertir a la Zacamil en un museo abierto, donde artistas locales e internacionales transforman el entorno social a través del color. A diferencia de otros proyectos, en esta ocasión sus asistentes, miembros del colectivo artístico Full Painting 360, son artistas salvadoreños, lo que ha generado un intercambio cultural profundo.
«Como artista estoy todos los días conversando con ellos, conociendo sus experiencias, me cuentan la transformación que ha tenido esta zona, puedo compartir con la comunidad. El contacto con el país termina siendo mucho más fuerte que el de un turista tradicional», confiesa.
Esta obra no solo inaugura el mural más alto, a escala mundial, del artista, sino que consolida la ambición de convertir las calles en un museo a cielo abierto, donde el arte no está encerrado entre cuatro paredes, sino que se respira en cada esquina.







