¿Qué es la impecabilidad? Es filosofía de nuestros antepasados, implica ser uno solo, sin separaciones entre el ser y el hacer; lo que pienso y digo lo hago. Claro, se escucha fácil, pero no lo es, implica un camino de conciencia y de soltar egos, ya que, para poder ser se necesita dejar de ser lo que uno no es, aunque crea que sí. Solo soltando teoría para empezar experiencia es como se puede ser impecable.
Ahora más que nunca en la historia hay cursos, libros, seminarios de la conciencia, pero mientras más de esto hay menos conciencia hay en el mundo; no cambian las conductas de la gente y esto se debe a que se teoriza todo y no se experimenta en la vida misma; pues claro que es más fácil tener un título de consciente que serlo, de teólogo que ser verdaderamente cristiano. Se necesita más ser que parecer.
Decía el poeta Nezahualcóyotl: «Al fin lo comprende mi corazón, escucho un canto y veo una flor, que no se marchite, que no se marchite». Comprensión de lo que veo y vivo es conciencia real. Eso es lo que necesitamos, experimentar la vida, el amor, la verdad, el silencio, la compasión; solo así el mundo será mejor; basta ya de tantas teorías y religiones, se necesita amor y consciencia, ante todo.
Lo planteado con antelación da pie a considerar que el ser humano se ha alejado tanto de su naturaleza divina por enmarcarse en teorías que dan más sentido racional a su existencia, pero que lo desvía de su realidad intrínseca y sagrada; con ello no planteo apartarse de las religiones, al contrario, expongo que hay que experimentar más sus doctrinas y memorizar menos las mismas.
Por supuesto, la impecabilidad conlleva una responsabilidad consigo mismo, ante todo, y lo que desprende esa unión de sí mismo es lo que da luz a los otros. Entonces, menesteroso es que se empiece a ser más consciente de la importancia de caminar y volverse el mismo camino, es decir, tomar plenitud de lo que vivo en cada instante, solo así se puede ser uno con uno y volver a las sociedades más unidas.
Por lo tanto, se necesita limpiar el rostro, es decir, dejar caer las máscaras falsas de ser buenos y empezar a ser realmente buenos. Ya basta de tanta hipocresía social, religiosa, y se debe empezar a ser una buena sociedad y buenas religiones; más cerca a la experiencia de la vida interna, y con ello más real y dispuesto al amor entre hermanos de sangre y de espíritu, que solo se consigue siendo de verdad.
Es así como se debe empezar a ser más honesto con uno mismo y con los otros. No me canso de exponer la máxima maya hermosa «In Lakech Hala Ken», «Yo soy otro tú, tú eres otro yo», ¿tanto cuesta comprender esta verdad? Lo que le hacemos a uno se lo hacemos a todos, sea bueno o sea malo; amar a uno es amar a la humanidad y ser honesto consigo es ser honesto con la sociedad completa.
De tal forma, querido lector, que si empleáramos siquiera el principio universal Kantista: «Obra solo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne una ley universal», entonces podríamos vivir más honesta y dignamente, pero en vez de eso intentamos parecer y no ser, cosa más absurda, pero estamos en el tiempo del absurdo al fin de cuentas.
¿Se da cuenta? Se necesita una revolución del interior, cambio de esquemas mentales deshonestos vestidos de democracia. ¿Se anima? Solo siendo impecable tendrá sentido su vida y habrá más paz y dicha en las sociedades. Empecemos a ser más uno con todos, ser y no parecer, pensar, sentir, decir y hacer de la misma forma; entonces, y solo entonces, podremos ver como dirían nuestros antepasados: «X’ciih x’ciichpan u» («La luna es más cautivadora»).






