Basquetbolista de una longevidad excepcional, super estrella indiscutible de la NBA, portavoz influyente: LeBron James se ha forjado una carrera única, superando una infancia de miseria para llegar a ser uno de los mayores deportistas de la historia, con la obsesión de llegar a ser el mejor jugador todos los tiempos.
Ayer por la noche se convirtió en el primer basquetbolista en superar la barrera histórica de los 50.000 puntos anotados (contando temporada regular y play-offs), un nuevo récord pasados los 40 años que da más brillo aún a un palmarés excepcional (4 veces campeón de la NBA, 4 veces MVP, triple campeón olímpico…), acaparando todos los elogios reservados a los grandes campeones.

Pero antes de disfrutar de la gloria hubieron muchas penurias para LeBron Raymone James, nacido el 30 de diciembre de 1984 de una madre adolescente y soltera, Gloria, y un padre ausente con historial delictivo.
«Yo vengo de los barrios pobres, vi drogas, armas, asesinatos», explicó James sobre su infancia en Akron (Ohio), donde él y Gloria llegaron a cambiar de vivienda hasta siete veces en un mismo año.
El primer multimillonario
El destino de James cambió cuando fue descubierto por Frank Walker, un entrenador de football americano juvenil, quien lo dirigió hacia el básquet y convenció a su madre para que el joven se mudara un tiempo con la familia Walker.
Con solo 12 años, LeBron ya atraía la atención de los ojeadores de los institutos, impresionados por su potencia física y su inteligencia en la cancha.

Se decantó por St. Vincent-St. Mary’s, una escuela predominantemente blanca, en lugar de John Buchtel High School, donde estudiaba una animadora, Savannah Brinson, que se convertiría en su esposa y madre de sus tres hijos.
La elección mantuvo a James cerca de amigos como Maverick Carter, su socio en proyectos que van desde el cine a la propiedad de equipos deportivos y que, sumados al salario de James y a sus ingresos por patrocinios, le convirtieron en el primer multimillonario en activo de la NBA.
Con 18 años, en 2003, el que ya era bautizado como el King (‘Rey’) fue el número uno del Draft más joven de la historia. Su primer destino fueron los Cleveland Cavaliers, a 50 km de distancia de Akron, y James, con un físico imponente (2,03, y 120 kg) y una agilizad asombrosa, impresiona desde su debut, siendo el mejor del equipo en anotación, robos y minutos jugados en su primera temporada.

Sin embargo, sus dos primeras participaciones en las Finales derivaron en grandes decepciones. La primera fue en 2007 con los modestos Cavaliers y la segunda en 2011 con los lujosos Miami Heat, la franquicia que había elegido para fundar una dinastía junto a Dwyane Wade y Chris Bosh.
En Miami alzaría sus dos primeros títulos de la NBA en 2012 y 2013, pero después de su cuarta y última participación seguida en las Finales, saldada con una dolorosa derrota ante los Spurs, decidió asumir un reto mayor y más personal.
LeBron volvió a los Cavaliers y les condujo a otras cuatro Finales consecutivas, todas ante los Golden State Warriors. En tres de ellas fueron derrotados, pero en 2016 lograron un triunfo nunca visto en la NBA, remontando un 1-3 en contra en la serie.

James le entregó así a la ciudad su primer título de la NBA y el primero en todos los deportes profesionales desde 1964.
El estratosférico tapón que le colocó a Andre Iguodala en el séptimo partido sigue siendo una imagen icónica de su carrera.
«Ahí me dije que yo era el mejor jugador que la gente había visto», confesaría después James, reavivando el debate sobre si él o Michael Jordan merecen ese estatus.







