La noche del viernes fue una acompañante para lucir las clásicas chaquetas de cuero, púas, etc, elementos con los que Judas Priest le dio una imagen del heavy metal, ambiente digno para disfrutar y admirar a estos dioses de metal en su espectacular concierto que ofrecieron para los salvadoreños y demás asistentes centroamericanos que se dieron cita en el complejo del estadio Cuscatlán.

Tras la buena intervención del grupo nacional Broncco, de Chente Sibrián, llegó el momento en que los metaleros nacionales habían esperado por mucho tiempo. Judas Priest tocando por primera vez en El Salvador, arrancaron su show con la poderosa Panic Attack, en un imponente escenario entre un juego de luces impresionantes al ritmo de cada clásico de una de las bandas consideradas como los padres del heavy metal.

Cada doble bombo (otra herencia de Judas al metal) de Scott Travis retumbada en las afueras del Cuscatlán, la puesta en escena con imágenes de trenes, fuego, banderas y letras, hacían más espectacular el concierto, combinado con el característico tridente de Judas, imponente en la parte alta del escenario.

«Dios del metal»
Rob Halford (73 años) está en otra mesa. A su edad, su incansable voz regaló solos que no son para cualquiera en ese tramo de la vida, un aténtico dios del metal, personalidad, presencia y ese inmumerable cambio de chaquetas que llamaron la atención, energía pura sobre el escenario que contagiaba en cada canción.

«Breaking The Law» fue demoledora, por otro lado el guitarrista Richie Faulkner cuidó delicadamente cada solo, fue un deleite escucharlo en ese nivel. El show siguió con canciones como Love Bites, You’ve Got Another Thing Comin’, la esperada por todos, Painkiller, la Harley Davidson con Halford en ella y Living After Midnight, para un final único e irrepetible y la leyenda «The Priest Will Be Back».







