La credibilidad, traducida en popularidad, no se construye de la noche a la mañana. En su último estudio, la prestigiosa casa encuestadora CID Gallup posicionó al presidente Nayib Bukele en un honroso nivel de aceptación por su gestión como primer mandatario, al otorgarle 90 % de complacencia de parte de la población honrada y trabajadora que ahora disfruta de las bondades de un país pacificado y reconvertido.
El Salvador fue conocido como la capital del crimen, el país más vio lento de todo el mundo, y otros de forma más popular le denominaron «pandillelandia», por tener en ese momento gobiernos de ARENA y del FMLN incapaces de solucionar el problema que más aquejaba a nuestra población, que terminaron rindiéndose ante las pandillas, creando un Estado fallido y permitiendo que estos delincuentes negociaran con la sangre del pueblo salvadoreño.
2019 fue el principio del fin de una era oscurantista para nuestra gen te, que cayó en un hartazgo y colocó en «el rincón de la irrelevancia» a ARENA y al partido VAMOS que ahora se suma a la lista de las expresio nes políticas irrelevantes comenzando una vorágine de ataques, incluso personalizados, en contra del presidente Bukele y su grupo familiar, que en política se debe respetar, pero los señores que son parte de los oposi tores desconocen de códigos políticos éticamente correctos.
Por otra parte, se conoció que a solicitud de algunos opositores que sueñan con hazañas del pasado, como la creación de la UNO (Unión Nacional Opositora) en los años setenta que nació a partir de que se vivía en una dictadura militar.
Como sociólogo afirmo que para determinar qué es una dictadura hay criterios o indicadores como la represión generaliza da, las desapariciones y los ajusticiamientos por cuerpos de seguridad estatales, no hay libertad de expresión, de prensa ni de culto; eso no existe en nuestro país. Vemos a opositores que dicen cualquier cosa y nada les pasa, pueden entrar y salir del país, y todo es normal.
El Salvador no vive una dictadura; lo contrario, es un «cuento de camino real» in ventado por mentes anacrónicas cuyos intereses particulares las llevan a creer que de esa manera pueden acceder al poder político, y para intentar organizar un frente común compuesto por representantes de ARENA, del FMLN, VAMOS y una secuela de «opositores» —a cual más mal hablado se puede encontrar allí— hicieron un «desayuno tóxico» que solo sirvió para dejar en claro que ni entre «los opositores» se entienden; y pretenden crear una burbuja mediática como si tu viesen la oportunidad de ganar en cualquiera de las posiciones.
Desconocen la popularidad del presi dente Bukele, y la apuesta de estos sectores es ahora buscar deslegitimar el trabajo de alcaldes y diputados, según ellos, para dejar solo al presidente y reeditar el accionar que les sepultó en 2021, cuando por los malos manejos de los temas de país la población les abofeteó dejándolos reducidos a la «in significancia política», de la cual —y después de ese «desayuno tóxico»— no creo se pue dan levantar, pues no tienen nada que ofrecer al pueblo salvadoreño, ya que lo que tu vieron la posibilidad de hacer no lo hicieron; se dedicaron a cometer todo tipo de ilícitos.
La pregunta es ¿existe la oposición polí tica en El Salvador? Esto nos lleva a una res puesta casi inmediata; legalmente, sí, pues allí tenemos a ARENA y VAMOS enquistados en «la mesa del rincón» del Salón Azul de la Asamblea Legislativa; sin embargo, formal mente no existen, pues una verdadera oposición política, madura e inteligente, es pro positiva, no reactiva, como la que tenemos en El Salvador.
Lo del desayuno tóxico es un fenómeno que los opositores no logran digerir, pues no les salieron las cuentas.







