La guerra contra las pandillas emprendida por el presidente Nayib Bukele logró sacar a El Salvador de la lista de las naciones más violentas del planeta a ser el país más seguro del hemisferio occidental.
El efecto de los éxitos de los planes de seguridad del Gobierno ha sido evidente y es fácilmente medible y cuantificable. El sector turismo, por ejemplo, tuvo un impulso fundamental al atraer a muchos más visitantes ahora que el país está libre de pandilleros y es perfectamente normal recorrer todo el territorio nacional sin temor a ser asaltados o sufrir cualquier tipo de delitos.
Además, el decidido apoyo a la modernización y revitalización de la infraestructura pública ha permitido mejorar los accesos a puntos turísticos que antes no estaban disponibles o solo eran aprovechados por aquellos dispuestos a aventurarse por calles malas y a no contar con ningún tipo de servicio.
Las empresas también han dado fe de que la eliminación de las extorsiones ha mejorado notablemente el ambiente laboral de sus distribuidores y también de sus trabajadores, que han visto aumentados sus ingresos al no destinar parte de ellos para evitar represalias de los grupos terroristas.
Con mayores ingresos, la economía salvadoreña ha tenido una mejora sustancial, que ahora se potencia con el reciente anuncio del incremento del salario mínimo y la reforma que aumenta a $550 los salarios exentos del cobro del impuesto sobre la renta.
La economía familiar siempre ha estado al centro de las políticas del Gobierno del presidente Bukele y de eso dan fe las múltiples políticas implementadas, desde las medidas antiinflación y el respaldo económico en medio de la pandemia por la COVID-19, pasando por los agromercados y los subsidios del transporte y de la energía eléctrica, entre otros.
Para mantener todo este esfuerzo es necesario que la seguridad siga siendo una realidad. No se debe bajar la guardia porque relajar los controles y las medidas implica que los criminales tengan una oportunidad para volver a atacar a la población. Los únicos que consideran que los pandilleros son interlocutores válidos son personas que no tienen ningún tipo de respeto por las víctimas de estos criminales y que pisotean las leyes con tal de defender sus intereses económicos.
El Salvador sigue combatiendo la delincuencia, tanto a los criminales organizados que se esconden dentro del territorio como a los narcotraficantes que violan la soberanía nacional al transportar en embarcaciones toneladas de cocaína.







