El convenio Manos que Alimentan es una iniciativa financiada por la Agencia Española de Cooperación Internacional (Aecid), que durante cuatro años ha desarrollado proyectos en las comunidades de La Paz, Usulután y San Vicente.
«El convenio Manos que Alimentan tiene el objetivo de promover la pesca artesanal y visibilizar las dificultades y los logros de esta en el país; en especial cómo la pesca artesanal contribuye a la seguridad alimentaria y nutricional en El Salvador», aseguró Laura Cadenas, coordinadora del convenio Manos que Alimentan.

El proyecto invertirá 3 millones de euros ($3,532,095) a lo largo de cuatro años de ejecución. En este período, uno de los ejes importantes es trabajar en la seguridad alimentaria. «Nos hemos propuesto reducir al cuarto año del convenio en 20 % la inseguridad alimentaria en estos ámbitos de actuación», manifestó Cadenas.
Este incluye un eje cultural, porque a través de la cultura se transmiten de manera más gráfica y palpable las desigualdades que existen en el sector de la pesca; por esto se grabó el documental «Entre aguas y surcos de esperanza», que muestra el trabajo de las mujeres en la pesca.

«Si ya de por sí la pesca artesanal está invisibilizada dentro del sector, las mujeres serían el colectivo todavía más invisibilizado», señaló Cadenas.
Manos que Alimentan es muy amplio; tiene una parte que se enfoca en la reducción de la inseguridad alimentaria, en la promoción y en el consumo de pro ductos hidrobiológicos, y en la apuesta por la innovación pesquera del sector. También cuenta con un eje importante que se relaciona con incrementar la seguridad alimentaria y nutricional.

«Tenemos acciones concretas, por ejemplo, en temas de seguridad alimentaria hemos dado formación a través de talleres de inocuidad que han llegado hoy en día a unas 900 personas, de las cuales 70 % son mujeres», señaló Cadenas.
Asimismo, Manos que Alimentan se enfoca en el tema de género que lo atraviesa transversalmente con diferentes acciones que benefician mediante em prendimientos individuales y colectivos a las mujeres de las comunidades de la zona pesquera, que trabajan con las cooperativas.
«A las mujeres pescadoras les proporcionamos capacitaciones en prevención de la violencia y otras actividades que tienen que ver sobre todo con la mejora de la conciencia ambiental, del papel de los comités locales para la defensa ambiental, sobre todo frente a las adecuaciones ante el cambio climático», expresó Vilma Vaquerano, coordinadora del Observatorio Ormusa.

De igual forma, este convenio se in teresa en mujeres que se dedican a la agricultura para que comercialicen sus productos.
Según datos revelados en el documental «Entre aguas y surcos de esperanza», en El Salvador el 13 % de las mujeres posee tierras cultivables, el resto son hombres. Sin embargo, de acuerdo con las agricultoras beneficiadas, en esa pequeña cantidad de tierra producen sus cultivos y los venden.
Además de visibilizar, Manos que Alimentan ha impartido capacitaciones y creado escuelas de agricultura con enfoque ecofeminista, lo que mejora los me dios de vida, y sobre todo la seguridad alimentaria a través de capacitaciones nutricionales, según Vaquerano.







