París se despide este domingo de sus Juegos Olímpicos con una grandilocuente ceremonia de clausura repleta de guiños a la cultura francesa, y Estados Unidos en lo alto del medallero después de algo más de dos semanas de competiciones.

La cantante Zaho de Sagazan intrerpretó el gran clásico «Sous le ciel de Paris» poco antes de que el nadador Léon Marchand, el héroe francés de estos Juegos con sus cuatro medallas de oro, se llevara la llama olímpica del jardín de las Tullerías, en pleno centro de París.

En el momento de tomar la linterna con el fuego olímpico, dejó de arder el imponente pebetero -un anillo de siete metros de diámetro- que fue encendido en la apertura de la edición parisina el 26 de julio pasado y desde entonces impresionó a cientos de miles de lugareños y turistas.

La llama se dirigió al Estadio de Francia, al norte de París, donde cerca de 70,000 espectadores abarrotan las gradas para seguir el desarrollo de la ceremonia.
Más de 200 artistas acompañaron un gigantesco espectáculo planteado como una distopía futurista, en la que «el viajero dorado», símbolo de la libertad e interpretado por el breakdancer francés Arthur Cadre, redescubre unas Olimpíadas entre tanto desaparecidas, al igual que en su momento hizo el barón Pierre de Coubertin en el siglo XIX.

Con unas dos horas y media de duración, es más breve que la de apertura el 26 de julio, que duró cuatro y fue única en la historia del olimpismo al desarrollarse no en un estadio, sino a lo largo del Sena y con los atletas desfilando a bordo de 85 embarcaciones.
El director artístico volvió a ser Thomas Jolly, blanco de ataques por una escena de tema dionisíaco en la apertura, que actores políticos conservadores de lo más variopinto – desde el Vaticano al guía supremo iraní, pasando por Donald Trump- criticaron, en su mayoría por ver en ella una parodia ofensiva de la Última Cena de Jesús con sus apóstoles.
La ceremonia continúo con una explosión artística de la mano de la banda de Versalles, Phoenix, y la participación del DJ Francés, Kavinski, con la canción «Nightcall».








