En el corazón de Atiquizaya, tierra de manantiales y rica en tradiciones, está una receta que ha viajado en el tiempo a través de generaciones: los nuégados boca de cántaro, un aperitivo nativo elaborado de forma artesanal, que forma parte del patrimonio gastronómico de este distrito ahuachapaneco.
Con una figura circular y hueca, estos bocadillos se preparan con una masa especial que es moldeada con palillos sobre una mesa de madera.
Una vez secada, se fríe en aceite y se baña con miel de panela, logrando un equilibrio perfecto entre textura y dulzura. El proceso, meticuloso y lleno de simbolismo, se mantiene vivo en hogares como el de Margarita Cortez, una heredera de esta tradición.

«Esto inició antes de 1960, lo comenzó mi abuelo Alfredo Leonor Aguirre, luego continuó mi madre y después mi hermana mayor. Para nosotros es un orgullo trabajar en esto y deleitar a las personas con este bocadillo en la ciudad de los manantiales», relató Cortez, mientras daba forma a los nuégados en un pequeño espacio de su cocina, donde su mesa de madera sigue siendo el altar de esta tradición familiar.
Cortez afirma que más allá de la venta diaria en las calles del municipio, hay un profundo sentido de identidad.

«Es un orgullo haber aprendido a hacer esto. Es algo tradicional de Atiquizaya y queremos que la gente se sienta satisfecha con lo que hacemos. Tratamos de prepararlo lo mejor posible», expresó con mucha emoción y sonrisa en el rostro.
Actualmente, varias familias en Atiquizaya siguen elaborando este aperitivo con las mismas técnicas ancestrales, conformando un conglomerado de emprendedores locales que han hecho de esta receta no solo un medio de sustento, sino una forma de resistencia cultural frente al paso del tiempo.

Los nuégados boca de cántaro no son solo un postre típico, son un símbolo vivo de la identidad atiquizayense, un legado que resalta el valor de las raíces y el sabor de lo auténtico.







