Columna: Caleidoscopio Cultural
El Salvador posee una riqueza cultural de escritores y poetas. Es una miscelánea de pensamientos y formas de escribir que pintan nuestros paisajes de colores. Hay personas que cantan a la vida y a su andar sobre los espejos, otras buscan la soledad y las piedras del camino. Hay poetas vivenciales y rebeldes enfrascados en un reloj, y otros que están hechos de barro y bambú con mucho sentimiento.
Y así las voces de los poetas quedan entre las ramas espesas, en las montañas y en las selvas. Son voces silenciosas que gritan con los brazos abiertos.
Anna Delmy Amaya Aguilar es la escritora y poeta que presento a continuación.
Anna Delmy Amaya Aguilar
Es licenciada en Letras con especialidad en Comunicación Estética, máster en educación por la Universidad de El Salvador (UES). Recientemente obtuvo el doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad Americana de Andragogía Honolulu, Hawái EE. UU. Posee un diplomado en poética y narrativa de la Escuela de Escritores de la UES, así como del taller Lectura y análisis de la poesía francesa, de la Alianza Francesa.
Entre sus poemarios se destacan «Frutos para Enrique», «Imaginario de amor y esperanza», «Corazón sin tiempo», «Oda a la patria bicentenaria», «Pensando con el alma», «Mi voz en el costado del tiempo». Tiene cuatro poemarios inéditos y dos libros de narrativa. Su obra ha sido Incluida en muchas antologías de poética y narrativa a nivel nacional e internacional. Es colaboradora del suplemento 3000 de Diario Co-Latino. También publica en la página de Guillermo Piernes, con poemas traducidos al portugués, Sao Paolo Brasil.
En el 2019 ganó el primer lugar del 18.o certamen internacional de poesía, en Buenos Aires, Argentina. Ha sido reconocida como valor cultural de la ciudad de Sensuntepeque, Ministerio de Cultura, (El Salvador) y por su trayectoria cultural por ha sido premiada por la Secretaría de Arte y Cultura de la Universidad de El Salvador.
Su obra ha sido incluida en la antología «Mujeres poetas que se crean a sí mismas», bajo la coordinación de la doctora Guisela López, Guatemala, Editorial Valparaíso, y en la Revista Marlas (Atlanta, EE. UU.) con tres poemas sobre la pandemia, entre otros.
Como ensayista, Anna Delmy ha escrito los siguientes textos:
• «León Tolstoi: Moralista, filósofo y pedagogo»
• «Ernesto Hemingway, un genio suicida»
• «William Faulkner: A medio siglo de su desaparición material narrativa»
• «Del realismo mágico al realismo alucinatorio de Mo Yan» (Premio Nobel de Literatura, China, 2012)
• «Rafael Góchez Sosa, poeta y narrador salvadoreño»
Sobre su poesía
La poeta Anna Delmy Amaya nos entrega en sus obras de poesía su estancia entre el ser y el tiempo, el perfume y la luz, su voz sedienta sobre una piel oscura, su erotismo.
Escribe a unos labios inertes bajo un cielo que llueve, habla de su maternidad entre conchas y arenas, y canta a su madre y a sus hijos con ternura.
En sus versos hay «girones de estrellas sobre el escote, y celajes infinitos», un espíritu, un cuerpo en su lecho, un rostro, una niña interior. Ella denuncia y ama, labra la tierra y busca una patria nueva entre mazorcas y frutos maduros. Sus obras se caracterizan por su canto a la intimidad, a la patria y la vida que pasa.
Desde una floración interior, Anna transforma la palabra en noche y galaxia, nido de conchas verdes a la orilla del mar y camino de tierra. Su poesía nos habla de esos ecos quejumbrosos que se envuelven entre juncos y recuerdos, vidas y transformaciones.
Anna es poeta en el imaginario de unos ojos y mujer en las palabras que se desbordan. Semilla que nace, crepúsculo de un alma antigua.
POEMAS DE ANNA DELMY AMAYA AGUILAR
Casa de cristal
De vez en cuando me envuelvo con tu piel,
respiro con tu aliento,

y te transformo en invierno, verano, primavera.
Recorro los caminos dormidos
que transitamos juntos,
y en un atrevido flash back
te siento iluminado de amor,
penetro a esa burbuja de luz blanca
para navegar con tu energía
sobre el oleaje
del mar que inventamos juntos.
Solo un retroceso
en la sinuosa línea del tiempo transformado.
Aquí y ahora en la casa de cristal
de mi nueva travesía.
____
Besos escarlata
Mi madre era un destello de lunas y de soles.
Bordado en su semblante
abría los días
en el jardín de su cuerpo,

haciendo girar libélulas de vida
sobre sus caudalosos ríos.
Ahora, me visita con su cuerpo de luz,
me cuida y me sostiene
con sus manos
trenzadas de amor-ternura,
y con su corazón intenso
que explota
en besos escarlata.
______
Heredad
Guardo en los ojos mi terruño lenca de soles y de lunas
donde cortaba mariposas y ronrones.
Guardo el olor a cedro y en mis ecos la voz misteriosa del Titihuapa.

Guardo en el semblante el río Lempa,
río largo, río indio, rodeado de encajes verdes
hasta su desembocadura en el mar Pacífico.
Guardo en la piel
el olor a molienda, el grito largo y retorcido del trapiche,
el dulce de panela en mis ensambles,
y el aliento del maíz y del cacao transmutados en sangre y vida.
Llevo en mis tristezas el nostálgico canto del Guazú,
en mis alegrías los vívidos colores del añil y el cenzontle,
una rama de izote con blancura de luna,
como heredad de esta mujer mestiza,
en la Pachamama vulnerada mil veces
por los Pedros de Alvarado y los 300 años
que marcaron el recorrido ancestral de nuestra sangre.
______
Templo de arcilla
Honro en mí el templo de arcilla
que me sostiene y sobrevive

las calles y caminos elegidos.
Honro la juventud en su brillo candente,
el ruido silencioso del torrente de sangre,
los amores perdidos -falso aliento-,
el insomne ruido de tus infiernos
que irremisiblemente
menguaron alegría, amor, esperanza y ternura.
Agradezco las caídas que me fortalecieron,
los duendes que surcaron los celestes sueños,
las ingenuas decisiones,
los caminos escabrosos,
los sueños fallidos,
las espinas que purificaron la carne
y los cuervos que se mueren de frío
frente a mis puertas cerradas.
Honro y bendigo mi reverente hoy,
las prolongaciones de mi yo,
la barrera protectora de ángeles, arcángeles,
y guías invisibles -escudo impenetrable
que me cobija y libera-.
Mientras me cruzan los silencios
de las horas tersas
que guardo en los relojes
de mi tiempo sin tiempo.







