El deseo de superarse derribó todos los obstáculos que encontró en Estados Unidos y, aunque la primera barrera fue el idioma, una actitud positiva, ser una mujer de retos que nunca baja la guardia convirtieron a la salvadoreña Silvia Vázquez en empresaria y líder comunitaria en Manassas, Virginia.
Vázquez conoce los desafíos de migrar irregularmente a un país desconocido, no poder comunicarse con los demás por no saber inglés y qué es trabajar desde que tenía 15 años en El Salvador, cuando sus padres le comunicaron que ya no podría cursar el bachillerato por falta de recursos económicos.
Pese a todos esos muros, su optimismo y responsabilidad le abrieron puertas de negocios en Ilobasco, Cabañas. Todos los días se preparaba con un lapicero y papel para ofrecer servicios funerarios o muebles, y en lugar de quejarse porque tenía dos trabajos para sobrevivir, encontró la estrategia de llegar a sus clientes para generar ganancias en cualquiera de los dos empleos. «Quien no quería algo para la muerte, me compraba algo para la vida», recordó.

Los propietarios de los negocios reconocieron su desempeño e incluso le financiaron seminarios sobre ventas. «Esa fue mi escuela», compartió. Sin embargo, en 2005, cuando se convirtió en madre de dos niños decidió migrar a Estados Unidos. Tenía 26 años y la convicción de que «el futuro lo creamos nosotros mismos», contó.
Con la experiencia en ventas adquirida en su país natal, incursionó en ese mismo rubro en EE. UU., pero su primer reto fue el idioma, además, tampoco podía cocinar o hacer limpieza para lograr entrar en este mercado.
Por primera vez en su vida no laboró durante un mes, hasta que vio un anuncio en un periódico de una comercial. Con su trayectoria de 13 años en ventas, el propietario de la compañía la contrató. Vázquez recordó con cariño al propietario y su esposa, ya que le ayudaron en ese momento, porque todos los días la llegaban a traer de Maryland a Manassas para que cumpliera sus jornadas laborales.
Durante tres años se dedicó a la venta de vajillas, ollas, filtros de agua, licuadoras y otros productos para el hogar. Pero en 2007 decidió cambiar de trabajo y se postuló para cajera en una gasolinera y empleada en un supermercado. En ambos tuvo éxito.
Aunque ya tenía dos años de vivir en Manassas, no podía hablar inglés. Así que con los dos nuevos empleos se inscribió en un curso y en tres meses aprendió lo básico. «El resto lo aprendí en la calle con los clientes», afirmó.
En 2019, la propietaria de la gasolinera estaba lista para retirarse del ámbito laboral y le ofreció convertirse en la nueva dueña. Su principal temor era que no contaba con el dinero suficiente para cubrir el papeleo y todos los requisitos, pero su principal motor fueron sus cuatro hijos, quienes la impulsaron a aprovechar este nuevo desafío.
«Nunca se rindan, no se necesita dinero para emprender un negocio, lo que se necesita es una mente positiva, un deseo de salir adelante y tener un motivo que las impulse a levantarse cada mañana. Nuestros hijos tienen que ser el motivo para seguir adelante», expuso Vázquez.
«El que nunca empieza, nunca termina», sostuvo. La connacional ahora es propietaria de la gasolinera. También tiene un supermercado en Catlett (Virginia) y se dedica a la venta de autos usados. Hace un año le otorgaron la visa humanitaria y su hijo mayor, de 26 años, es el mánager de todos los negocios, y también le ayudan sus otros hijos de 23, 17 y 10 años.
«Nunca se rindan, hay que ponerle ganas, confiar en Dios y confiar en uno mismo», manifestó.







