«Nuestra paciencia ha llegado al límite. A partir de ahora, es la guerra abierta entre nosotros y ustedes», afirmó el viernes el ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Asif, en la red social X.
Horas después el portavoz del gobierno afgano Zabihulá Mujahid dijo en rueda de prensa que quieren «que el problema se resuelva a través del diálogo».
A primeras horas del día periodistas de AFP escucharon explosiones y vieron cazabombarderos sobrevolar Kabul y Kandahar, una importante ciudad del sur de Afganistán, gobernado por los talibanes desde que regresaron al poder en 2021.
El portavoz afgano afirmó a periodistas que todavía había aviones pakistaníes «sobrevolando el espacio aéreo de Afganistán». Anteriormente había dicho que no hubo víctimas.
Las relaciones históricamente cordiales entre ambos vecinos se torcieron en los últimos meses y se han producido enfrentamientos esporádicos.
Pakistán, una potencia nuclear, acusa a los talibanes de dar cobijo a militantes armados que lanzan ataques contra su territorio, algo que desde Kabul niegan.
Cerca del paso fronterizo clave de Torkham, un periodista de AFP vio disparos de artillería desde las 9H30 (05H00 GMT) del viernes.
Los combates alcanzaron el campo de Omari, que acoge a los repatriados afganos cerca del puesto fronterizo.
«Los niños, las mujeres y los ancianos corrían», contó Gander Khan, un repatriado de 65 años, de pie frente a hileras de tiendas de campaña.
«Aquí, muy cerca, impactó una bala. Vi sangre, hirió a dos o tres niños y a dos o tres mujeres», declaró a la AFP.
Zarghon, un repatriado de 44 años que solo dio su nombre de pila, afirmó que dos o tres niños habían desaparecido en medio del pánico.

«Todos se marcharon»
«Algunos dejaron sus documentos (…) Ni siquiera se llevaron el dinero, ni la ayuda que habían recibido. Por miedo, todos se marcharon», contó a la AFP.
El jueves por la noche las fuerzas afganas lanzaron una ofensiva fronteriza contra las tropas pakistaníes en respuesta, según Kabul, a los bombardeos pakistaníes del pasado fin de semana.
El ministro del Interior pakistaní, Mohsin Naqvi, estimó que los ataques del viernes y otros recientes en la provincia de Paktia son una «respuesta adecuada» a los de su vecino.
Preocupados, Irán y China se ofrecieron como mediadores.
El gobierno iraní, que comparte frontera oriental con Afganistán y Pakistán y está inmerso por su parte en negociaciones para evitar un conflicto con Estados Unidos, se ofreció a «facilitar el diálogo».
Las autoridades chinas instaron «a ambas partes a mantener la calma y actuar con moderación», «lograr un alto el fuego lo antes posible y evitar más derramamiento de sangre».







