Además de la exquisitez en sus preparaciones, los peculiares nombres de los platillos salvadoreños son los principales atractivos de la Pupusería Paradise, en Denver, Colorado, en Estados Unidos. Las propietarias salvadoreñas Sara Rivera y Angélica Quijada se convirtieron en socias y mantienen viva la cultura a través de la comida en sus dos restaurantes. Su visión es ser una franquicia.
Ser dueñas de los establecimientos en Aurora, abierto en 2017, y en Denver, inaugurado en 2021, significa que sus sueños se convirtieron en realidad y que el propósito de que sus clientes —americanos y latinoamericanos— salgan de las instalaciones enamorados de sus platillos también se está cumpliendo.
Las empresarias son reconocidas localmente por la creación de un estratégico menú, con la idea de que los clientes conozcan el sabor de El Salvador.

Su especialidad es el plato Paradise, para que sus visitantes prueben las pupusas, los tamales, las empanadas, la yuca frita y los pastelitos.
También ofrecen el churrasco salvadoreño o la bandeja Guanaca con su variedad de carnes y el desayuno Bichota, con la preparación de huevos acompañados de pupusas. La pupusa La Peluda está hecha con carne deshilachada y queso.

«Me siento orgullosa de hasta donde hemos llegado porque siempre ha sido nuestro propósito dar lo mejor. Nos gusta recibir críticas constructivas y que la gente salga con una sonrisa en la cara, regresen y nos recomienden», dijo Quijada a «Diario El Salvador.
«Muchos americanos no habían probado la comida salvadoreña, pero sí saben sobre la cultura o dónde está el país», compartió.
Su fama aumentó en 2018 después de que el periódico «The Denver Post» hizo un reportaje sobre su historia. Cuatro años después fueron invitadas a participar en la miniserie «Las pupusas», de Amazon Prime.

«Este es mi sueño realizado, vienes a este país para tener algo. Nunca pensé que iba a ser dueña de un restaurante», manifestó Rivera.
«Fue difícil trabajar para alguien más y tenía ganas de tener algo propio, he cumplido mi sueño», aseguró.
Las propietarias ahora trabajan con un equipo que, hasta el momento, está compuesto por 16 empleados, entre ellos, salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses.

Rivera, originaria de Chalatenango, y Quijada, de Metapán, se conocieron en un taller de transformación personal del programa Ingeniería Vital, en Colorado, y ambas coincidieron en que querían tener un restaurante.
Pero la oportunidad de comprar un local surgió primero para Rivera, que hasta ese momento se había desempeñado como mesera, y buscó a una socia porque no deseaba trabajar sola. Después de ser rechazada por conocidas, amigas y familiares, Quijada aceptó la propuesta y dejó su cargo como jefa de «housekeeping» en un hotel.

Las salvadoreñas fusionaron sus conocimientos y emprendieron el primer restaurante con muchos retos. Con siete años de experiencia, aspiran a una franquicia. Su primer paso es patentar algunas recetas.
Función social
Conociendo los obstáculos laborales y sociales, las socias también aportan a las comunidades de salvadoreños y otras nacionalidades, tanto en su país de origen como en Estados Unidos.
Con sus donaciones ha sido posible la realización de jornadas médicas, entrega de víveres y donación de ropa en los departamentos de Chalatenango, Sonsonate, La Paz y San Salvador, aseguró el vicepresidente de la organización sin fines de lucro Salvadoreños Residiendo en Colorado (Sarco), Salvador Cazun.
De acuerdo con Cazun, al menos ocho de 10 salvadoreños en Colorado son originarios de Chalatenango, por ello es un destino con el que siempre colaboran.
Sarco fue fundada en 2014 con la idea de unificar las voces salvadoreñas en Aurora y hacer posible la inauguración de una sede consular, la cual fue abierta en 2017.







