A diferencia del David bíblico, David Dóniga se mueve conforme a su corazón, sigue su propia estrella. A lo largo del año al frente de la selección, al técnico le rebotaron las críticas de la prensa y tampoco puso oído a los silbidos y abucheos de la afición que se queja por el fútbol que se gasta la Azul.
Desde que llegó en enero para pastorear al combinado salvadoreño, más que por el fútbol, Dóniga apostó por el resultado y, aunque no guste, cerró el año con las estadísticas suficientes para cumplir objetivos.
Dóniga pescó boleto a Copa de Oro y devolvió a la Azul a la Liga A de la Liga de Naciones de Concacaf.
Eso sí, en otros tiempos y otro escenario, el David ibérico tuvo que luchar y derrotar a su propio Goliat. El Salvador llevaba 17 partidos sin ver la victoria, él sumó seis más, pero finalmente pudo romper el maleficio.
Desde el 2-3 sobre San Vicente y las Granadinas, aunque los rivales han sido de poco peso, a excepción de un par de resultados, los números se han vestido del color cuscatleco. Fue precisamente la visita de Lionel Messi con el Inter Miami la que marcó el debut de David Dóniga en el banquillo de la selección.







