La esperada misión Artemis II de la NASA está programada para despegar desde Florida tan pronto como el 1 de abril.
No van a alunizar. Sobrevolarán el satélite natural de la Tierra, como lo hizo el Apolo 8 en 1968.
Los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto con el canadiense Jeremy Hansen, realizarán el viaje de aproximadamente 10 días.
La odisea trae una serie de primicias, incluyendo la primera vez que una mujer, un astronauta negro y un no estadounidense parten en una misión a la Luna.
También es el primer vuelo tripulado del nuevo cohete de la NASA, llamado SLS.
El descomunal cohete de color naranja y blanco está diseñado para hacer varios viajes de regreso a la Luna en los próximos años, con el objetivo de establecer una base permanente que ofrecerá un punto de partida para exploraciones posteriores.
«Estamos volviendo a la Luna porque es el próximo paso en nuestro periplo a Marte», dijo en un pódcast de la NASA Wiseman, comandante de Artemis II.

¿Nueva carrera espacial?
El programa Artemis, nombrado en honor a la diosa hermana gemela de Apolo, tiene como objetivo probar las tecnologías necesarias para poder enviar humanos a Marte, un viaje mucho más largo.
Una ambición de por sí desafiante, que también enfrenta la presión de que China no lo haga antes.
China tiene la meta de llevar humanos a la Luna en el 2030 y apunta al polo sur lunar, entre otras cosas por su potencial de ricos recursos naturales.
La competencia remite a la carrera espacial de los años 1960 entre Estados Unidos y la Unión Soviética, aunque el profesor Matthew Hersch, de la Universidad de Harvard, sostiene que esa rivalidad fue «única» y «no se repetirá en mucho tiempo».
Hersch dijo a la AFP que «los chinos no están en realidad compitiendo con nadie, sino con ellos mismos».
La inversión en el programa lunar de Washington es significativamente menor ahora que en la era de la Guerra Fría, pero ha cambiado radicalmente en cuanto a tecnología.
«La tecnología de cómputo que soporta a la tripulación de Artemis 2 sería casi inimaginable para la tripulación del Apolo 8, que fue a la Luna en una nave con la electrónica de una tostadora moderna de última generación», comparó Hersch.
Aun así, Artemis 2 no estará exenta de riesgos, según admite la propia NASA.
La tripulación abordará una nave espacial que nunca ha transportado seres humanos ni ha viajado a la Luna, que se encuentra a más de 384,000 kilómetros de la Tierra, es decir, aproximadamente 1,000 veces más lejos que la Estación Espacial Internacional.
«No aceptamos nada que no sea perfecto; de lo contrario, estamos aceptando un riesgo mayor», dijo a la AFP Peggy Whitson, exjefa de astronautas de la NASA.
«Este es un proceso importante que todos tienen que adoptar para que realmente podamos tener éxito, porque tenemos que vivir con esa conciencia, por nuestra historia en los vuelos espaciales, de que cuando pasan accidentes la gente morirá», dijo Whitson.
Minimizar los riesgos y prevenir un desastre implicará que la tripulación realice una serie de chequeos y maniobras mientras aún se encuentren en las proximidades de la Tierra.
Si todo sale bien, seguirán rumbo a la Luna y una vez allí, sobrevolarán su cara oculta.
En ese momento se interrumpirán las comunicaciones con la Tierra: se espera que los cuatro astronautas se conviertan en los seres humanos que hayan viajado más lejos de nuestro planeta, superando el récord de Apolo 13.







