En la Ciudad de los Cocos, una estructura de antaño guarda la memoria de un viaje inaugural. La Estación de Sonsonate fue el inicio de la primera línea férrea del país, una columna vertebral de hierro que comenzó su historia en 1882. Desde aquí, un tren partía, cargado de sueños y de café, rumbo al puerto de Acajutla, tejiendo una red que conectaría el interior con el mar y, con ello, impulsaría la prosperidad de la nación.
Es justamente sobre esta base ferroviaria que se erige el Museo del Ferrocarril de Sonsonate, donde se exhibe maquinaria antigua, fotografías de los primeros maquinistas de trenes, vagones, tanques utilizados para almacenar agua para las locomotoras a vapor y el tren bala, que aún está en funcionamiento. Asimismo, se alquila para la realización de eventos, siempre y cuando se cumpla con algunos requisitos.
Esta estación también guarda el recuerdo del último recorrido que realizó el tren desde Armenia hasta Sonsonate el 14 de octubre de 2002. Ese último viaje estuvo acompañado por cuatro vagones que eran utilizados para el traslado de pasajeros.
La entrada al museo no posee ningún costo y está abierto de lunes a jueves de 9 a. m. a 4 p. m. y de viernes a domingo de 9 a.m. a 7 p.m. Si desea visitas en grupo pueden hacer la reservación a través del Facebook de Sonsonate Impresionante, de la Secretaría de Cultura y Turismo o de la Alcaldía Municipal de Sonsonate. También al WhatsApp 6999-8876.


El museo ofrece un recorrido que transporta a los visitantes a la época dorada de los trenes en El Salvador. Cuenta con varias secciones entre ellas:
• Oficina de atención al turista: Un punto de partida para organizar recorridos en la bala de plata, además de brindar información.
• Sala de espera: Un área que fue creada en el pasado para que los pasajeros esperaran mientras llegaba el tren a la estación.
• Área informativa: Contiene afiches con información sobre la vida ferroviaria, así como un homenaje a quienes fueron maquinistas de trenes.
• Vida ferroviaria. Es así como le llaman a la estructura interna de la estación. Dentro se encuentran teléfonos, máquinas de escribir, cajas fuertes, extintores, entre otros, que eran parte de los objetos que contenían los trenes y vagones.
• Área Zepellin: Exhibe maquinaria antigua de trenes con su respectiva numeración.

Pedro Anaya Guillén, el últimi ferrocarrilero certificado
El viaje de Pedro inició el 24 de marzo de 1977. No fue en la cabina de una locomotora, sino en las duras labores de mantenimiento de la vía. «Entré a trabajar en la reparación de la de la vía, de los rieles, entre Sonsonate y Acajutla», relata.
Su fascinación por los trenes lo llevó de la vía a los talleres, donde su curiosidad lo impulsó a aprender por cuenta propia. «Empecé a practicar por mi cuenta. Me montaba con los compañeros que eran bien amigos e iban a San Salvador. Cuando salía a vacaciones dedicaba días para andar con ellos, y cuando se me dio la oportunidad estuve tres meses estudiando reglamento y horario, y la práctica que se me hizo más fácil porque ya tenía un adelanto», recuerda.
La oportunidad de formalizar su pasión llegó en 1985, cuando se hizo motorista de las balas, los pequeños y veloces motores de vía. Después de dos años, su carrera dio un giro importante. A finales de la década de 1990, el transporte de pasajeros en las balas se volvió insostenible debido a la alta demanda. Los vagones se llenaban a tal punto que la gente se sentaba hasta en el techo.
Para 1999, las autoridades decidieron reemplazar las balas por locomotoras con tres o cinco vagones de pasajeros. Fue entonces cuando pasó a manejar las locomotoras.
El último viaje que realizó Pedro con pasajeros fue el 12 de octubre de 2002, dos días antes de que el servicio de trenes en El Salvador se detuviera, marcando el fin de una era.
Hoy en día, su experiencia y dedicación se mantienen viva. Su función es manejar la bala de plata, un trabajo que le permite mantener viva la tradición y recordar los días en que el silbido del tren era una melodía constante.

La bala de Tacuzcalco o bala de plata
El tren turístico La bala es, sin duda, la atracción más popular con la que cuenta el museo de Sonsonate. Tuvo su fama en los años cincuenta y sesenta porque eran los trenes más rápidos de Sonsonate, Acajutla, Sitio del Niño y Santa Ana. Las primeras balas estaban hechas de madera y otras, como la de Tacuzcalco que data de 1948, se hicieron de lámina para que soportara en el tiempo, de ahí el nombre bala de plata.
Había balas que iban solo con dos empleados (el motorista y el boletero). Hubo otras que salían con carga (como correo o periódicos) y estaban las balas que transportaban hasta un máximo de 60 personas. La bala de plata aún se encuentra en funcionamiento. Hace su recorrido desde el museo hasta el monumento a los ferrocarrileros, donde se encuentra una plaza con 11 negocios activos. Esta recorre las calles principales de Sonsonate, por lo que el tránsito suele detenerse durante algunos minutos. Su funcionamiento se restringe de miércoles a domingo, ajustándose a la demanda de los viajeros.
Retazos de más historia

Tanques: En la era de las locomotoras de vapor, se usaban dos sistemas principales para abastecer de agua a los trenes: las aguadas (o grúas con agua) y los tanques incorporados en la locomotora. Los más comunes eran el ténder, un vagón especial enganchado a la máquina, y los tanques de ala o de sillín.

Extintores: En cada uno de los trenes era necesario llevar un extintor. Los que se utilizaron en el país llegaron a pesar hasta 400 libras. En la placa colocada sobre este extintor se puede leer las recomendaciones para utilizarlo, así como su país de origen. El que se encuentra en exhibición en Sonsonate nunca fue utilizado.

Plataforma giratoria: En la estación FENADESAL, una de las más completas, conserva una plataforma giratoria que servía para cambiar la dirección de los trenes o vagones. La estación ferrocarrilera de Sonsonate también tenía una similar. En ambas, este soporte era de gran utilidad, ya que ahorraba tiempo.

Coche de segunda: Su construcción se remonta al primer cuarto del siglo XX. Fue utilizado por la IRCA en el Tren Oriental. Contaba con asientos tapizados, reclinables y mejor distribuidos, de manera que el viaje fuera más reconfortante. Los respaldos de estos podían cambiar de posición de acuerdo a la dirección del tren.

Coche Cuscatlán: El primer registro del vagón presidencial o Coche Cuscatlán data de 1912. Era un equipo de lujo por lo que contaba con almohadas de plumas, camarotes, sillones, sillas, entre otros. Era utilizado por ejecutivos de la empresa ferrocarrilera, funcionarios del Estado y posiblemente algún presidente.







