Al grito de «¡Estoy aquí, El Salvador!», la cantante colombiana Shakira regresó esta noche con fuerzas renovadas para el tercer concierto de su residencia histórica en El Salvador, manteniendo esa poderosa conexión con su «manada» centroamericana.
La cita tuvo nuevamente al Estadio Jorge «Mágico» González como escenario perfecto, en una noche donde el público no dudó en entregarse nuevamente en cuerpo y alma a cada una de las canciones del repertorio de la sudamericana.

La magia de una conexión
Desde la dinámica de «Caminando con La Loba» hasta el inicio de la primera canción, el público se mostraba efervescente de emociones y de expectativa por una noche más con la líder de la manada.
Fue así como llegaron las canciones de un repertorio en el que Shakira logra alternar entre su etapa actual y sus primeros años, garantizando un viaje por los carriles de la nostalgia y, de igual forma, al ritmo de los géneros urbanos que más han predominado en este tramo actual de su trayectoria artística.

«¡Buenas noches, Centroamérica!», dijo la cantante, seguido de un momento para saludar a cada una de las naciones del istmo y siendo recibida por los gritos y la algarabía de los representantes de cada país entre el público.
Los bailes y las coreografías tampoco pueden faltar. Temas como «Suerte», «Ojos Así», «Hips Don’t Lie», «La Tortura» o «Waka Waka (This Time for Africa)» permiten que Shakira entregue un derroche de sensualidad y dinamismo al ritmo de sus caderas y de los movimientos vertiginosos que la han caracterizado desde hace varios años.
El sentimiento no se queda atrás y llega gracias a temas como «Antología», uno de los más coreados en la noche, o «Acróstico», compuesto junto a sus hijos Sasha y Milán y que cuenta con la imagen proyectada de ellos, acompañando con su voz a la colombiana.

Estos temas dejan un toque emotivo entre el público y permiten a Shakira interactuar un poco más con la audiencia, siempre impulsando su mensaje de amor propio y de encontrar en la música el poder para sanar viejas heridas.
«Ya saben que mi vida no ha sido fácil estos últimos años, pero es que de los momentos malos nadie se salva, nadie. Lo que sí sé es que nosotras las mujeres cada vez que nos caemos, nos levantamos un poco más sabias, más fuertes, más resilientes. Las mujeres, solas somos más vulnerables, pero juntas somos invencibles», comentó Shakira, siendo abrazada por el calor de un público fiel y empático con sus emociones.
La llegada de «Isabel»
Uno de los momentos más impresionantes del concierto es la llegada de «Isabel», una loba de gran tamaño que se coloca en el centro del escenario cuando la colombiana se prepara para entonar y bailar el éxito «La Loba».
Durante el momento en que, lentamente, Isabel, llamada como el segundo nombre de la cantante, se forma en la tarima, se proyecta un video que muestra a una Shakira encontrando su lado salvaje y reuniéndose con su naturaleza y su espíritu animal, detalles que la artista también ha explicado anteriormente.

Es así como, con Isabel al centro y un fondo de color morado, llega el momento de «La Loba», con una Shakira bailando e invitando a su manada centroamericana a compartir su alegría y su entusiasmo por seguir siendo un alma libre, fuerte y con deseos de brillar.
Las citas con Shakira aún continúan. El Salvador y Centroamérica aún tienen dos noche más, este sábado 14 y domingo 15 de febrero, para cerrar con broche de oro de la residencia histórica de la artista más importante de la industria latinoamericana de la música.







