La estrella de la gimnasia Simone Biles logró derrotar los «demonios en la cabeza» que le habían impedido competir hasta ahora y se colgó un bronce en barra de equilibrio en una jornada olímpica que vivió un momento apoteósico con el récord del mundo del noruego Karsten Warholm en el 400 m vallas.
En el último día de competición en el Centro Gimnástico Ariake llegó el momento que todo el mundo esperaba: la reaparición de Biles.
«Lo hice por mí y estoy orgullosa de haber sido capaz de competir una vez más», dijo Biles a los periodistas, una vez superados aparentemente sus problemas de angustia y participar en la última final olímpica. «Somos seres humanos, no sólo atracciones, y pasan cosas por detrás de las que la gente no tiene ni idea», añadió, precisando que también había perdido a su tía hace dos días.
El bronce endulza la dura semana de Biles, desde que la estrella más esperada de estos Juegos se retirara en la final del concurso general por equipos por sus «demonios en la cabeza» que le provocaron falta de confianza para competir.
Su actuación en el centro de gimnasia de Ariake le valió el bronce, que une a la medalla de plata ganada en el concurso general por equipos, lejos del récord que todo el mundo esperaba que pudiera hacer en la capital nipona. La estadounidense sumó su séptima medalla olímpica, cuatro de ellas de oro, igualando el récord de Shannon Millers para una gimnasta estadounidense.
En esta última jornada de la gimnasia en Tokio-2020 se llevaron los últimos oros la china Guan Chenchen (barra de equilibrio), su compatriota Xou Jingyuan (barras paralelas) y el japonés Daiki Hashimoto (barra fija).







