El quarterback, vigente Jugador Más Valioso (MVP) de la liga de fútbol americano (NFL), es la figura de mayor calibre que sigue con vida en la ronda divisional de los playoffs que se disputa este fin de semana.
Patrick Mahomes, su bestia negra después de eliminarlo cuatro veces esta década, se resignó a ver las eliminatorias por televisión tras la insólita eliminación de sus Kansas City Chiefs en la fase regular.
Los Philadelphia Eagles de Jalen Hurts, vencedores del pasado Super Bowl sobre los Chiefs, sucumbieron la pasada semana en la ronda de comodinas, a la que ni siquiera llegaron los Baltimore Ravens de Lamar Jackson.
Josh Allen, de 29 años y casi dos metros de altura, es el único gigante en pie, aunque sea a costa de un alto precio físico.
El pasado sábado, el mariscal de campo destapó todo su talento para liderar el ajustado triunfo 27-24 frente a los Jacksonville Jaguars, a los que castigó con dos touchdowns de carrera además de lanzar para 273 yardas y otro touchdown.
Durante la batalla Allen sufrió un golpe en la cabeza, un esquince de rodilla y una lesión en la mano, problemas que se suman a unas molestias crónicas de pie.
«Me siento bien. Honestamente, me siento mejor de lo que me he sentido en las últimas semanas», dijo el quarterback en un intento de tranquilizar a su afición.
La ausencia de Allen sobre el emparrillado de Denver es prácticamente impensable. Su racha de 122 titularidades consecutivas es la más larga entre los mariscales de campo en activo y ha llevado a que sus compañeros y aficionados se refieran en broma a él como «Superman».
Originario del agrícola Valle Central de California, allen dice que su resistencia proviene de ser un «chico de campo en medio de la nada».







