Gran aficionado al football americano, el presidente Donald Trump ha mantenido una tensa relación con la NFL que se remonta a principios de la década de 1980, cuando su deseo de convertirse en propietario de una franquicia fue rechazado.
En 2017, durante su primer mandato en la Casa Blanca, el republicano criticó a los jugadores de la NFL que protestaron contra el racismo arrodillándose antes de los partidos durante la interpretación del himno nacional.

Para la gran final de este domingo, la presencia de Trump ha sido bien recibida y el propio Travis Kelce, de los Kansas City Chiefs, la consideró «un gran honor».
Entre los espectadores en Nueva Orleans se espera que Trump no politice el desenlace de la liga más popular del país.
«Espero que, básicamente, llegue y se siente y que lo mantengan en silencio. Solo quiero que sea un juego divertido y que no sea político», dijo a la AFP Debra Ward, una maestra del estado de Virginia.
El tradicional concierto del intermedio, una de las mayores atracciones del evento, estará a cargo del rapero Kendrick Lamar, que completará una gran semana después de los cinco premios que conquistó en la gala de los Grammy.

Como cada Super Bowl, los estadounidenses se han lanzado también a hacer apuestas de todo tipo. Más allá del resultado o las estadísticas, Travis Kelce monopoliza algunas de las especulaciones más populares, como las que apuntan a que tras el partido propondría matrimonio a Taylor Swift o anunciaría su retiro del deporte.

Esta última teoría ganó algo de fuerza la noche del sábado cuando medios estadounidenses reportaron que el estelar ‘tight end’, de 35 años, está planteándose colgar el casco en caso de alcanzar su cuarto título de campeón.







