El jefe de las Fuerzas Armadas de Israel, Herzi Halevi, instó es miércoles a sus tropas a estar preparadas para una «posible entrada» a Líbano, donde la aviación israelí bombardea desde hace varios días posiciones del movimiento islamista Hezbolá.
«Se puede oír los aviones desde aquí; estamos atacando todo el día. Tanto para preparar el terreno ante una posible entrada, como para seguir atacando a Hezbolá», declaró el teniente general Halevi ante una brigada de tanques, según un comunicado castrense.
«No nos detendremos. Seguiremos atacándolos y haciéndoles daño en todas partes», proclamó Halevi.
«Su entrada allí con fuerza (…) mostrará [a Hezbolá] lo que es encontrarse con una fuerza de combate profesional», añadió. «Ustedes son mucho más fuerte que ellos, tienen mucha más experiencia que ellos; entren, destruyan allí al enemigo y destruyan sus infraestructuras», subrayó.
El ejército israelí anunció anteriormente la movilización de dos brigadas de reserva y su despliegue en el norte del país, para «continuar el combate» contra Hezbolá.
Israel, que afirma que su ofensiva busca asegurar el regreso a sus hogares de los habitantes del norte desplazados por los enfrentamientos con Hezbolá, bombardeó ayer por tercer día consecutivo el sur y el este de Líbano, dos bastiones de la formación chiita Hezbolá respaldada por Irán.
Al menos «51 personas murieron y 223 resultaron heridas» en varios bombardeos, que también tuvieron como objetivo pueblos situados fuera de los bastiones del movimiento, indicó el ministro de Salud libanés, Firass Abiad.
Más de 90,000 personas se vieron forzadas desde el lunes a abandonar sus hogares en Líbano a causa de los ataques israelíes, informó la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), una agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
El ejército israelí indicó que en ese período había bombardeado «más de 2,000» posiciones de Hezbolá, incluyendo «varios cientos» este miércoles.
El lunes, los primeros ataques israelíes masivos en Líbano mataron a 558 personas e hirieron a más de 1,800, según las autoridades libanesas, la cifra más alta en un día desde el final de la guerra civil en el país (1975-1990).







