Pedro Castillo lleva un poco más de nueve meses en la presidencia de Perú y ya ha tenido que reconfigurar su gabinete múltiples veces y enfrentar tres mociones de vacancia, es decir, intentos del Legislativo de destituirlo por su incapacidad para gobernar o por el ineficiente manejo de la pandemia, que ha hecho de esa nación sudamericana el país con mayor letalidad por la COVID-19.
Las protestas en su contra han llegado a las calles y el rechazo hacia él, según los sondeos de opinión, es de más de dos terceras partes de la población. Aunque en un principio los grandes temores de su mandato se movían alrededor de su ideología comunista —pues se pensaba que iniciaría una ola de estatizaciones de empresas privadas—, lo que en realidad ha pasado es que ha tenido un gobierno improvisado y sumamente débil.
Parece que quiere mantener el poder a cualquier costo y por eso hace todo tipo de concesiones, como ofrecerles a los camioneros que bloquearon las carreteras el perdón de las multas de tránsito que cometieron durante la cuarentena, a inicios de la pandemia. Perú ha tenido cinco presidentes en cinco años y parece que Castillo podría tener el mismo destino efímero de sus antecesores.
El Salvador, en cambio, está siendo puesto cada vez más como un ejemplo a escala internacional no solo por el excelente manejo de la pandemia —que incluyó los preparativos para frenar la llegada del virus, la atención de los primeros pacientes, la recuperación de la red hospitalaria y la construcción del Hospital El Salvador, los acuerdos internacionales para adquirir vacunas y la masiva aplicación—, sino también por la recuperación económica.
Los recientes golpes contra las pandillas también han puesto al Gobierno del presidente Nayib Bukele en boca de todo el mundo, con ciudadanos de diversos países clamando por acciones similares para combatir la delincuencia, porque saben que no hay concesiones ni paños tibios, sino la firmeza de la aplicación correcta de la ley, poniendo a los ciudadanos en primer lugar y enviando a los criminales a prisión.
Las acciones del presidente Bukele gozan de amplio respaldo popular porque son las medidas que durante décadas el país estuvo esperando, para las cuales solo se requería decisión política y la fuerza de un Estado libre de compromisos. ARENA y el FMLN solían repetir que combatir a las pandillas era un tema muy complicado y de largo plazo. Ahora ha quedado demostrado que lo que sucedía es que tenían acuerdos con ellas para no tocarlas.







